La lamprea vuelve entre rellenos, minicentrales y vertidos

Lars Christian Casares Berg
Christian Casares PONTEVEDRA

GALICIA

XOÁN CARLOS GIL

Las condiciones del río son mejores desde que la ciudad de Pontevedra ha dejado de contaminar directamente. Han regresado algunas especies, pero queda mucho por hacer

12 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

El Lérez es la mitad de lo que era hace sólo tres décadas. Los rellenos en su desembocadura han reducido su anchura un 50% desde los años setenta del siglo pasado. La construcción de los puentes que cruzan el Lérez ha tenido un protagonismo crucial en la pérdida de las marismas de la desembocadura. Un estudio realizado por el decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Galicia, Carlos Nárdiz, revela que de los doscientos metros que tenía de ancho el Lérez en la zona que ahora cruza el tercer puente se ha pasado a los 99 actuales. Las consecuencias son claras: la velocidad del agua aumenta y se incrementa el riesgo de anegamiento de las márgenes. La única solución es el dragado del cauce. Así se evitarían las riadas. Pero en el remedio se esconde otro problema. Un análisis de la situación del lecho realizada por la dirección general de Costas revela que remover los fangos del fondo causaría un grave perjuicio para el ecosistema fluvial y la ría. Sin embargo, no todo son malas noticias. Por primera vez, la ciudad de Pontevedra ha dejado de verter masivamente sus aguas residuales al río. Especies desaparecidas hace años en el Lérez han vuelto; entre ellas, la lamprea, que, no obstante, aún debe hacer frente, al igual que el resto de las especies que nadan en estas aguas, a algunas dificultades añadidas por el hombre al río. Las minicentrales eléctricas salpican buena parte del curso alto, aunque la adjudicación de las últimas concesiones ha sido paralizada por la Consellería de Medio Ambiente entre la alegría generalizada de grupos ecologistas como la Asociación de Defensa del Lérez y las sociedades de pesca. Pero el optimismo que desbordan ayuntamientos como el de Pontevedra, que ha puesto en marcha una intensa campaña publicitaria para glosar las mejoras del Lérez, contrasta con los recelos de los pescadores, que hablan de capturas cada vez más pequeñas. Nuevamente los vertidos se ciernen sobre las posibilidades de recuperación del río. La Consellería de Medio Ambiente ha censado 114. Si el Ayuntamiento de Pontevedra ha conseguido eliminar el grueso de los vertidos urbanos (que le han valido, por cierto, ser uno de los mayores infractores por la contaminación generada), según los datos que maneja la Consellería de Medio Ambiente, nuevas actuaciones urbanísticas, que esta vez tienen lugar río arriba, vuelven a amenazar el lento proceso de recuperación. Hasta el momento, el Lérez se había librado en su cauce alto de la presencia de polígonos empresariales. Mientras Pontevedra puso fin a la actividad fabril de Tafisa en pleno corazón de la ciudad y batalla por una salida de Ence de la ría, ahora los ayuntamientos de Cotobade y Campo Lameiro ultiman la instalación allí de empresas, entre ellas alguna conservera, lo que ha causado gran preocupación entre pescadores y grupos ecologistas.