Tres momentos del trabajo de Donato. Arriba, levantando la bandera del «green»; abajo, portando los palos y escogiendo uno de ellos para que Adarraga se ejercite.
28 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.CON EL fútbol ya en el olvido, Donato ha encontrado refugio en el golf. A sus habituales partidos en A Zapateira añade, últimamente, una nueva labor: es el cadi del mejor golfista español amateur y uno de los mejores europeos en esta categoría la pasada temporada. José Luis Adarraga (A Coruña, 28 de febrero de 1983) y Donato Gama da Silva (Río de Janeiro, 30 de diciembre de 1962) forman, a pesar de sus 21 años de diferencia, un tándem perfecto. Para el circuito profesional, el golfista gallego contratará otro cadi , pero mientras no lo firma, Donato es su mejor compañía. «Me aporta muchas cosas: experiencia, conversación, amistad... Es una gran ayuda», confiesa el coruñés. Adarraga sólo le encuentra un problema. «Me roba protagonismo», bromea. Así sucedió el año pasado en su primera experiencia juntos, el pro-am del Volvo Masters. «Debió de ser la primera vez en la historia que el caddie firma más autógrafos que el golfista. Pero es que también acaparó mayor atención que Olazábal y García, allí presentes», recuerda el debutante en el campo profesional. El golf no es el único nexo entre estos deportistas. José Luis es novio de Tassia, la hija pequeña de Donato. «Éramos amigos y luego lo estropeó saliendo con mi hija. Eso me hizo perderle cierto aprecio», comenta entre risas el ex deportivista. Adarraga siente devoción por un hombre al que conoció en un momento difícil de su vida. El Abuelo lo recuerda como si fuera hoy: «Hace tres años, faltaban unos días para empezar la temporada y José Luis arrastraba unos problemas en un codo. Estaba hundido, porque no le encontraban solución. Entonces, yo le hablé de Aurelio, un amigo mío que se puede decir que hace magia. Lo fuimos a ver y en veinte minutos ya estaba recuperado. Desde entonces, nos apreciamos mucho». Un cariño que desaparece cuando se enfrentan. Donato, hándicap 10, está lejos de su futuro yerno, pero se resiste a perder. «Cuando jugamos, no para de hablarme para descentrarme. Es un perro viejo», sentencia el joven.