LA autopista española por la que circulan menos vehículos va de Astorga a León.
03 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.La siguiente en la lista sale de Santiago y acaba en los montes de Dozón, un concello despoblado y fronterizo entre las provincias de Pontevedra y Ourense al que acuden las familias una vez al año cuando la presencia de la nieve coincide en fin de semana. Las carreteras y las pistas de las áreas metropolitanas de Vigo, A Coruña y Santiago están colapsadas; de Viveiro a Ribadeo llega antes un ciclista que un coche que engancha delante un camión de cinco ejes. Pero a los conductores gallegos siempre les quedará el asfalto solitario de la AP-53 para desestresarse, a cambio de dejar la pequeña fortuna de diez euros en el trayecto de ida y vuelta. La caída de la autopista desde Dozón hacia Ourense permanecerá en obras otros dos o tres años. Por los 56 kilómetros ya construidos circulan, según Fomento, una media diaria de cuatro mil coches, frente a los 45.000 que cruzan Rande o los 94.000 que se atascan en A Pasaxe. La infraestructura que iba a cohesionar el interior de Galicia y evitar la congestión de tráfico entre el Deza y la capital gallega por la antigua nacional va por la senda de convertirse en la obra más estrambótica del siglo, ya que el peaje de 4,80 euros para recorrer los 56 kilómetros de doble vía espanta a los conductores. El ingenio que despierta la necesidad provoca que cada día sean más los automovilistas que entran en la autopista en Santiago y la abandonan en Silleda, pagando 2,90 euros. Circulan por la nacional nueve kilómetros y, a la altura del polígono industrial de Lalín, vuelven a entrar en la autopista, circundan la villa y continúan hasta el alto de Santo Domingo, en Dozón. Con la maniobra driblan la cabina del peaje de la capital del Deza (2 euros). El trayecto mixto autopista-nacional les supone un ahorro del 35%. La apertura del segundo tramo hasta las puertas de Ourense no evitará el sonrojo de contar en Galicia con la segunda autopista menos transitada de España. Fomento desistió ya en tiempos de Cascos de participar en la financiación de la segunda fase por falta de tráfico potencial. Por tanto, serán más kilómetros, más millones gastados y los mismos conductores; casi marcianos y necesariamente adinerados. La Xunta de Fraga, con el lalinense Cuíña a la cabeza, estaba tan empecinada en la autopista interior de Galicia que siguió adelante ella sola y creó una sociedad pública al efecto para concluirla. El asfalto llegará a Ourense, el peaje se incrementará y la vía continuará siendo de las menos transitadas de Europa y de las más deficitarias hasta que en el 2074 venza la concesión. Hasta dentro de 67 años la AP-53 no ejercerá la función de cohesión territorial para la que se diseñó, salvo que antes en la Xunta y en Fomento alguien se decida a poner fin al absurdo. Ese peaje le viene grande al salario medio de los gallegos.