El monte quemado se convierte en basurero

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA

GALICIA

VÍTOR MEJUTO

Sin tiempo a despertar de la pesadilla incendiaria, ya hay quien aprovecha la confusión para arrojar sus desperdicios

10 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

El monte Xiabre, a caballo de Catoira, Vilagarcía y Caldas, ardió en agosto por los cuatro costados. Tres meses después, la erosión y las lluvias no son el único problema. La fauna más sucia vuelve a poblar su castigado territorio. Los puntos de vertido incontrolados comienzan a tomar de nuevo los montes gallegos, y de ello no cabe culpar a Administraciones ni a tramas organizadas, sino a la mano maliciosa e ignorante de individuos carentes de la menor conciencia colectiva. Carmela es una de las voluntarias que, desde hace un mes, colabora con el dispositivo organizado por la Xunta, Adega y la comunidad de montes de Bamio, en Arousa, para intentar frenar la erosión. En sólo un día, asegura, ha detectado tres de estos basureros en un contorno de apenas dos kilómetros. Realmente son fáciles de localizar. Sus creadores ni siquiera se han molestado en alejarse de las pistas que cruzan el bosque calcinado. Allí se acumula cualquier cosa. Desde azulejos, escombros y otros residuos de la construcción, hasta tres pantallas de ordenador, una televisión y un completo muestrario de menaje del hogar, en el que no faltan lavadoras, sofás, cubos y hasta un muñeco Nenuco con su triciclo y todo. «Isto non só sucede aquí, xa sabemos que pasa en toda Galicia, pero parece mentira que despois dos incendios, do que sufrimos, esta xente desgraciada, inconsciente, volva estrar todo de lixo», lamenta Carmela, a quien la visión de la suciedad infunde «gañas de mandalo todo a paseo». No hay duda de que la basura se ha depositado tras la oleada de incendios. «Se non fose así estaría queimada, pero esta porquería vese ben noviña». Lo dice Pepe, uno de los pocos que por estos pagos sigue recogiendo helechos y maleza para hacerle una cama a su ganado. Lo más lamentable es que, dos kilómetros carretera abajo, el Concello de Vilagarcía ofrece un punto limpio en el que deshacerse fácilmente de este tipo de desperdicios. Ni por esas.