LOS cinco señores de la fotografía perdieron el miércoles la confianza de 507.578 catalanes.
04 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Votantes que hace tres años les otorgaron su confianza y ahora se la han retirado, hartos de presenciar cómo se envuelven en banderas ideológicas que estiran o encogen en beneficio de sus propios intereses para mantener o alcanzar el poder. Con la excepción de la más pequeña de las cinco formaciones políticas con representación parlamentaria en la pasada legislatura (los verdes de Joan Saura), el balance de las elecciones es demoledor para la partidocracia catalana: el PSC perdió 241.000 votantes; Esquerra, 130.000; CiU, 95.000; y el PP, 80.000. Pero eso ya nos les importa, sino negociar cuanto antes matrimonios de conveniencia para ocupar la Generalitat. Acuerdos en los que, como tres años atrás, se reparten parcelas de control del presupuesto autonómico. Dado que las decisiones del Estado están mediatizadas por Cataluña -la cual juega un papel y tiene una capacidad de influencia desmedida frente a su peso poblacional (sólo residen allí el 16% de los censados en España)-, el pacto que coloque a Mas o a Montilla en la presidencia influirá, a través del Gobierno de Madrid, en los cuarenta y cuatro millones de españoles. Aunque los cinco de la fotografía disimulen que representan y encarnan la democracia como siempre, las elecciones catalanas del miércoles han supuesto por vez primera en España una ofensiva contra la partidocracia en tres frentes a la vez: una abstención brutal del 43%; un crecimiento exponencial del voto en blanco (sesenta mil catalanes expresaron su hartazgo llevando un sobre vacío a la urna); y la victoria de una plataforma ciudadana creada para combatir, precisamente, ese sistema de partidos. Boicoteado en sus actos públicos y ninguneado por los medios de comunicación tradicionales, un heterogéneo grupo de personas que dicen defender una sociedad libre, laica y solidaria consiguió sumar noventa mil votos y tres escaños. Ciudadanos de Cataluña constituye un acto insólito de rebeldía social contra un sistema de partidos que, primero con Pujol y después con el dúo Maragall-Carod, ha propiciado gobiernos que rinden culto a lo simbólico y racial frente a la persona individual, que exigen la adhesión a principios abstractos frente a las necesidades cotidianas, y que viven del conflicto permanente entre las instituciones catalanas y españolas, fomentando un odio insensato. Ciudadanos de Cataluña, el aumento de la abstención en seis puntos y el voto en blanco han dejado en cueros a los cinco de la fotografía.