Galicia perdió en doce días casi el 2% de su PIB, consumido por las llamas. El impacto económico del desastre forestal equivale al que provocaría cada año un Prestige que vaciase sus bodegas en las costas gallegas. La oleada de incendios se ha cobrado, además, cuatro vidas. Hoy la Xunta tomará las primeras medidas para paliar los efectos del fuego. Abordará los aspectos más dolorosos: la pérdida de vidas y de bienes. Pero, pese a la dimensión de la tragedia y a la contundencia de las cifras, la respuesta aún parece más bien tibia. Sólo unos días después de sofocar las llamas, un accidente trágico (otros cuatro muertos) vino a recordarnos, por ejemplo, que padecemos una anticuada red ferroviaria que requiere inversiones urgentes y cuantiosas. La ocasión merece la movilización de todos los medios y resortes para responder al nuevo castigo recibido por la endeble economía gallega. No se trata de pedir otro Plan Galicia, para no cumplirlo, pero sí una compensación proporcional a los daños.