«Papá, nos vemos en las nubes»

La Voz NACHO MIRÁS

GALICIA

El reverso del día Con 71 años, Javier Osuna es uno de los pilotos más veteranos de España. Él y su hijo han volado sobre el cielo de Galicia a los mandos de sendos aviones de extinción

16 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

«Jacobeo 2 a Albacete 1 ¿me recibes? ¡Cambio!». «Adelante, Jacobeo 2, aquí Albacete 1, alto y claro». No lo parece, pero este diálogo es una conversación de altura. Albacete 1 es Javier Osuna, piloto de aviones, sevillano, 71 años. No, no hay error, 71. Jacobeo 2 también es Javier Osuna, 39 años, sevillano como su padre, de quien ha heredado, además del apellido, la pasión por desplazarse sobre las cabezas de los demás. Albacete y Jacobeo, Javier y Javier...illo, se han pasado los últimos días regando desde el aire la terrible barbacoa en la que se convirtió Galicia. La familia unida por una buena causa. Osuna padre es uno de los pilotos en activo más veteranos de España. Acumula 14.000 horas de vuelo en aviones pequeños y se formó en el Ejército del Aire, donde se licenció en la promoción de 1953. Desde entonces, su medio natural no es la tierra. Javier hijo no siempre fue consciente de la labor a la que se dedicaba papá. Tanto es así que se ríe al rememorar aquella vez que la profesora, en clase, pidió que los niños hablasen sobre el trabajo de sus padres. «Ahí me pilló. Yo sabía que mi padre salía por la mañana y volvía por la noche, pero nunca se me había ocurrido preguntarle qué es lo que hacía. Al llegar a casa le dije a mi madre: ''Oye, mamá ¿Y papá en que trabaja?''. Ella me respondió: ''¡Tu padre es piloto!''. Estuve alucinado varios días. Mi padre ¡piloto de aviones!». El gusanillo aeronáutico se le metió rápido en el cuerpo. «Cuando era un chaval -recuerda-, los domingos me levantaba el primero para acompañarlo a fumigar con el avión; mis seis hermanos se quedaban durmiendo». Hoy hay dos Javieres Osuna que surcan los cielos de la península Ibérica, cada uno a los mandos de un AT 802, una aeronave que lleva un depósito para cargar 3.000 litros de agua. Lo que han visto estos días desde el cielo de Galicia es terrible. «Nunca, en toda mi vida de piloto, me había encontrado con nada semejante», cuenta Albacete 1, que guarda un recuerdo especialmente malo del viento cuando volaba sobre Santa María de Oia. Javier padre llegó en el contingente de apoyo que envió Castilla-La Mancha. Javier hijo vino para pilotar un avión de refuerzo. Y, con ellos, muchos compañeros más. Pero en la familia Osuna no cuentan sólo las 17.000 horas de vuelo que suman entre los dos. Loli Beviá, esposa de Albacete 1 y madre de Jacobeo 2, les anda a la par en horas de rezo. «Es normal -dicen- está acostumbrada, pero sabemos que sufre, aunque llevamos toda la vida volando». Teresa Pastor, la novia de Javierillo, ya sabe lo que le toca. -¿Y vosotros rezáis? -¡Nosotros somos católicos, apostólicos y romanos!, dice Javier padre con su gracia andaluza, antes de reconocer que en la maniobra de despegue hay una operación prioritaria: santiguarse. Ya sean la experiencia, la suerte o los santos, ambos han salido airosos de sendos accidentes que pudieron ser mortales. «Al avión no hay que tenerle miedo, pero sí respeto». La frase la suscriben los dos. Ayer por la tarde, Javier padre ya se encontraba a muchos kilómetros de Galicia, descargando agua sobre Cuenca. Su hijo se ha quedado, por si acaso. Quizás coincidan en la nube de la esquina.