Para el Gobierno noruego, Galicia es un rincón de Europa en el que se fabrican piratas medioambientales y fragatas para encañonarlos. En el extremo en que Europa se convierte en hielo ven a Galicia como un país minúsculo, capaz de provocar un conflicto diplomático a cuenta de 3.500 toneladas de bacalao que, supuestamente, ponen en peligro la supervivencia de un caladero del que Noruega y Rusia sacan 400.000 toneladas cada año. La amenaza es tal que están dispuestos a abordar pesqueros y pasarse por la quilla el derecho internacional. No escatiman ni medios, ni adjetivos insultantes, ni fragatas fabricadas en Ferrol. Todo para alejar a los piratas gallegos del petróleo y el gas con el que Noruega quiere cortar el bacalao en este planeta al que le falta energía y le sobran pescadores.