La tentación laboral se llama Xunta

Pablo Viz Otero
Pablo Viz LALÍN

GALICIA

MIGUEL SOUTO

Crónica El 35% de los admitidos no se presentó al examen en Silleda y entre los opositores había los de vocación permanente y los que ni siquiera habían mirado el temario

01 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

El empleo que oferta la Xunta es un bien escaso, pero tentador. Una marabunta humana llegada desde todos los puntos de Galicia se dio cita ayer en el recinto ferial de Silleda con esa ansia laboral, que en la jornada de ayer consistía en lograr plaza de auxiliar administrativo y, en la de hoy, de subalterno. Se requería estar en posesión del graduado escolar y una matrícula de 22 euros. La lucha por la 117 plazas ofertadas se iniciaba hace tiempo con 12.306 matriculados. Fueron admitidos 11.640 y, finalmente, se presentaron ayer en Silleda al examen 7.506 opositores, el 65%. Hoy se esperan otros tantos. El dato ofrecido por la presidenta del tribunal, Loreto Díaz, se conocía pasadas las dos de la tarde, cuando aún quedaba casi una hora para que concluyese la prueba en una sección dispuesta para las 393 personas con algún tipo de discapacidad. Para este grupo se organizaron ajustes horarios diferentes y medidas especiales, como la adaptación de las mesas o la presencia de un intérprete del lenguaje de signos. El movimiento empezó de madrugada con retenciones de varios minutos en diversos puntos de la red viaria, del mismo modo que ocurriría sobre las dos de la tarde en el retorno, incluidos accesos y salidas de la autopista AP-53 y, de modo especial, el núcleo urbano de Silleda. Enfado de los opositores «Sin incidencias», aseguró ayer la presidenta del tribunal al término del examen. Sólo faltaba, podrían decir los opositores si conociesen la frase, porque salieron del examen mayoritariamente cabreados. Alguno ya se fue calentando ante la puerta de entrada -una de las 41 de los dos pabellones de once mil metros cuadrados cada uno- porque no sabía dónde depositar el teléfono móvil. Pero era lo menos grave. La oferta de empleo venía envenenada en esta ocasión. Milagros, de Santiago, aseguraba a la salida que el examen había sido «dificilísimo». Una compañera opositora que ya vivió los exámenes de años anteriores la corrigió: «Foi o máis difícil con diferencia». No hacía falta preguntar a más para corroborarlo. Expresiones alusivas se escuchaban por doquier: «¡Jodido, jodido!», «¡Cero patatero!» o incluso precisaban que del test planteado con cien preguntas «Deixei unhas corenta». Susana Ramos, de Ourense, aseguró que opositar para entrar en la Administración es su «apuesta total»: acude a todas las que salen en España por si después puede trasladarse a Galicia y asegura que las gallegas «hay que prepararlas en exclusiva» por tener menos temas comunes con las del resto del Estado. Susana razona su apuesta por las oposiciones: «En Ourense no hay salida laboral, no hay industrias, y hay trabajos en los que te explotarían», matiza. Son ejemplos de opositores que estudiaron. Otros, como Miguel López, no miraron el temario. «Vin a probar», dice. La ourensana Marianes es novata y quedó colapsada «viendo la dureza del examen».