El abogado del acusado de asesinar a la camarera viguesa sorprendió a la Audiencia con nuevas revelaciones. A la misma hora, declaraba el presunto homicida de Baredo.
19 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El presidente del tribunal se dirigió al reo: «Marcos Antonio da Silva, tiene usted la última palabra en su defensa». El acusado de la violación y asesinato de la camarera viguesa Sara Alonso abrió la boca por primera vez en todo el juicio. Había renunciado a su abogado y a declarar pues consideraba que el proceso contra él era «injusto». En su alocución final, el brasileño Da Silva dijo: «Me declaro inocente de esos delitos y confío en la justicia de este país. Tarde o temprano se hará justicia. También quiero disculparme y agradecer el trabajo de mi abogado». Como en las películas americanas, la defensa aportó sorpresas de última hora y sacó a relucir una declaración del ex novio de Sara Alonso. Éste admite que vio «a su compañera sentimental» por última vez a las cuatro y media de la madrugada del sábado 18 de septiembre del 2004. A la misma hora, Da Silva sostiene que se ausentó de su casa y dejó allí sola a la amiga. Dice que ella tenía una leve herida en la nariz, «tras ser golpeada por su jefe». Al volver, la joven estaba desnuda, maniatada y muerta junto a un carrito de la compra. «Alguien sabía dónde estaba y entró para matarla», aseguró el reo a su incrédula esposa en la cárcel. Dice que alguien los siguió y vio cómo Sara le tiraba las llaves por la ventana. Distinto trato El abogado se quejó de que la jueza no quiso cotejar las huellas de sangre de un desconocido halladas en el interruptor del timbre y en el carrito de la compra del acusado. También le denegó la obtención de cinco pruebas de ADN de los amigos de Sara. El letrado también se pregunta por qué la policía no investigó al ex novio de Sara si su semen apareció, junto al del brasileño, en el tanga de la víctima. «¿Por qué se aceptó que su rastro celular era antiguo y, en cambio, el de Da Silva no?», interrogó el abogado. El letrado insinuó que Sara y Da Silva mantenían una relación sentimental secreta. Eso explicaría que ella quedase con Marcos, charlasen en el pub en actitud de ligar, saliesen juntos del local, subiesen al piso y mantuviesen relaciones sexuales consentidas. Y excluiría la acusación de agresión sexual. Tampoco apareció semen en la vagina. Recordó que la policía apenas indagó en la coartada del ex novio pese a que su compañera incurría en contradicciones. «En cambio, si lo hacía Da Silva, la policía consideraba que lo había pillado en una mentira», se quejó. La defensa también intentó verter sospechas sobre el jefe de la joven e insinuó que éste sentía algo más que «el amor de un padre hacia una hija». La fiscalía modificó la reconstrucción del crimen y sostiene que Sara recibió un golpe en la boca que la dejó indefensa y el asesino golpeó su cabeza contra el suelo, lo que le ocasionó la muerte. Luego, la asfixió. «¿Para qué, si ya estaba muerta?», replicó el abogado. Éste no excluye un accidente o una sobredosis de cocaína, cuya prueba con el pelo tampoco se practicó. Luego, el brasileño ocultaría el cadáver porque temía que nadie creyese «a un negro». El caso queda visto para sentencia. La Quinta Sección de la Audiencia de Pontevedra, con sede en Vigo, decidirá si Da Silva es culpable y merece pasarse de 30 a 46 años entre rejas.