AUNQUE parezca invierno, es primavera. Ha pasado una estación completa con nuevo jefe en la derecha gallega. A finales de otoño, Feijoo, el chico que acunó Romay, vapuleó a sus menguados rivales en la elección de compromisarios para el congreso de la sucesión.
25 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Quedan atrás los primeros cien días del heredero de Fraga. Tiempo en el que le dio la estocada a Cuíña, descabalgó a Barreiro, pactó con Baltar y ahora va a por Cacharro. No quiere sorpresas en la retaguardia: prefiere segarles la hierba por si acaso alguno tratara de segársela a él después de las elecciones municipales de la próxima primavera. Una práctica común en la política y en la guerra. La predicción es mala. Las encuestas le dicen al PP que chove sobre mollado. Que el ciclo a la baja seguirá acuciándose en la elección a alcaldes del 2007. No escampará la fuga de votos. Las ciudades de A Coruña, Santiago, Lugo y Pontevedra son inexpugnables a medio plazo para la derecha. Ourense, en cambio, está a punto de caramelo para ser conquistada por el bipartito. A Feijoo no le queda otra que aferrarse al efecto Corina, que no es poco. Convertida en alcaldesa por Castrillo y Pérez Mariño, detrás de esa mujer que corteja a los votantes poniéndoles flores en todas las rotondas, hay una política que acaba de provocar esta semana la primera derrota en Vigo de la Xunta bipartita. Un atribulado Méndez Romeu plegó velas ante el temporal mediático promovido por Corina contra su borrador sobre el área metropolitana viguesa. El ex ministro y aspirante a alcalde Abel Caballero tuvo que darle la razón a la alcaldesa. Si Corina mantiene Vigo en el 2007, Feijoo tendrá un estandarte que enarbolar en unas elecciones que presiente mal dadas, porque, además, el paraguas del fraguismo ya no ampara a puñados de decenas de alcaldes de municipios pequeños, donde el PP todavía es hegemónico. Después de sus primeros cien días de heredero de un partido antiguo y ruralizado, Feijoo no le provoca miedo ni a Touriño ni a Quintana, aunque los mantiene intranquilos. En actitud de alerta, porque para ellos era el peor de los candidatos posibles; el más peligroso. Aun así, ni ellos ni su entorno le conceden la posibilidad de victoria en las aún lejanas elecciones autonómicas. El propio Feijoo tiene un plan B que pasa por aguantar en la oposición, sin rivales en la retaguardia de su partido, esperando a que Touriño cumpla la promesa de no presentarse a un tercer mandato. Esa es la que cree que será su bala de oro y, por tanto, la última.