La naturaleza regala de vez en cuando espectáculos que superan cualquier invento humano. Aunque en ocasiones hay que ir muy lejos para poder contemplarlo. Es el caso de la ruptura del glaciar Perito Moreno, en la Patagonia argentina, 2.800 kilómetros al sur de Buenos Aires. Los argentinos lo catalogan como «la octava maravilla del mundo». El Perito Moreno, una masa de hielo de 275 kilómetros cuadrados y una altura de 60 metros, tiene vida propia: su lengua avanza durante años hasta construir un dique natural que cierra el lago sobre el que está instalado. Cuando ya no puede crecer más, el agua sube de nivel y se filtra en el hielo formando un túnel cuyo techo termina quebrándose y desmoronándose. Es la fiesta de una destrucción natural, un número de esos que sólo se pueden explicar si se ven in situ. La última vez que se produjo la ruptura fue hace dos años. Y la anterior, 16 años antes, en 1988. No se sabe cuándo será la siguiente.