Una tonelada de basura como menaje

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA

GALICIA

MARTINA MISER

Una septuagenaria llevaba años acumulando residuos en casa Menos una escoba, Protección Civil se encontró de todo en el piso de María Castro Blanco, una vilagarciana víctima del síndrome de Diógenes

01 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Era muy conocida en el centro de Vilagarcía, donde frecuentaba los bares con ropas masculinas y participaba en tertulias en las que defendía sus añorados tiempos de Franco. María Castro tenía 72 años y vivía en un ático de la céntrica calle de La Baldosa rodeada de parientes. No estaba abandonada. Sus familiares, con los que compartía edificio, miraban por ella desde que hace casi treinta años se quedó viuda. «Pero no se dejaba -reconocía ayer otra inquilina del inmueble-. No nos abría la puerta, nunca nos dejaba entrar en su casa; si hacíamos un bizcocho se lo teníamos que dejar en la puerta... Estábamos pendientes de ella, de si la veíamos todos los días». A lo que se dedicaba Marujita , como la conocían en la ciudad, era a recoger de la calle lo que podía y guardarlo en su casa. «Nosotros ya lo sospechábamos -decían sus parientes-, porque en el verano había un olor horrible». Víctima de un ataque Las dudas se despejaron hace quince días, cuando dejaron de ver a Marujita y uno de sus familiares subió hasta el ático para comprobar que la puerta estaba abierta. Entró y se encontró a la mujer tirada en el suelo, y a su alrededor, bolsas de basura, paquetes, periódicos y suciedad. Fue trasladada al Hospital do Salnés y posteriormente a un centro de Pontevedra. «Supongo que le buscaremos una residencia, porque así no puede seguir», explica. Ayer, con una orden judicial, los voluntarios de Protección Civil de Vilagarcía se acercaron a la casa para retirar todo lo que María había juntado en los años que lleva afectada por el síndrome de Diógenes (enfermedad que impulsa a quienes la padecen a acumular enseres y basura por miedo a quedarse en la miseria). «Nada más entrar nos topamos con un metro de alto de basura -decía el jefe de la agrupación-. Menos mal que no era orgánica, eran plásticos, papeles, botellas y mucha ropa». La dura tarea les ocupó todo el día. Por la mañana habían bajado ya -cuatro pisos y sin ascensor- basura suficiente para llenar tres contenedores, y por la tarde calculaban que, en total, habrían sacado mil kilos acumulados de una pequeña vivienda en la que su propietaria había guardado de todo menos una escoba o un bote de detergente; donde el baño hacía años que no se usaba y la cocina permanecía como la había dejado su dueña hace casi tres décadas. Fue entonces cuando enviudó y el síndrome de Diógenes -toma el nombre de un filósofo griego que vivía en un barril- llegó para hacerle compañía y se trajo consigo la basura como menaje.