Los malos puentes

GALICIA

TRÁFICO Y VIDA | O |

17 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

LA MASIFICACIÓN del automóvil, como consecuencia de su propia utilidad, sirve para que el derecho de libre circulación se ejerza en plenitud. Junto a este hecho está la singularidad de los puentes vacacionales, que generan millones de desplazamientos a bordo de automóviles, de ordinario coincidentes en unos cuantos itinerarios y en unos pocos arcos horarios de los mismos días. Es parte de la rutina de estos puentes que a su término, al margen de otras cuentas, llegue otra amarga, que es la de las personas que se han dejado la vida en las carreteras por mor de un tráfico tantas veces endemoniadamente complicado, tal vez porque a sus riesgos ordinarios se añaden otros ­-ambientales, o venidos de acciones equivocadas- que no sabemos esquivar desde la racionalidad. Sabemos ya que este puente último de la Constitución deja en España el reguero de 98 personas muertas, 12 de ellas en Galicia, con el resello de que en cada uno de tres accidentes hayan perdido la vida 9 personas. Un texto de 1965 dice así: «El mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil (¿) El hombre sabe muy bien que está en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que él ha desencadenado y que pueden aplastarle o servirle». Ocurre que, tantas veces, nuestras debilidades llevan al desastre en estos lances del tráfico.