Ayunos desde el alba hasta el ocaso

Dolores Vázquez A CORUÑA

GALICIA

KOPA

Los musulmanes gallegos cumplen con los preceptos del islam. «Para nosotros, con la buena fe que hay, no cuesta», relata un miembro de la comunidad

05 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Un bajo de dos plantas en la rúa dos Castros, en Arteixo, es la mezquita Abou Baker. Lleva el nombre del primer amigo del profeta. Su entrada da aspecto de provisionalidad, aunque lleva abierta seis años. Sillas, un fregadero, una mesa antigua de oficina y un biombo de piel que se utiliza cuando las mujeres van a rezar, son parte del escaso mobiliario. En las paredes, un papel en donde en árabe y en castellano aparece el teléfono de la Dirección General de Tráfico. Son las diez menos veinte de la noche, hora de la quinta oración del día del pasado martes, y zapatos, chanclas y tres pares de babuchas se apilan a la entrada de la habitación en donde el imán Aamar Said dirige la oración, ante un grupo variopinto de musulmanes. Mayoría de hombres mayores, vestidos, excepto contadas excepciones, de manera occidental, y de los que sólo es comprensible el saludo: salam malecum . La celebración del Ramadán hace que el ritual sea más largo, explican. «Para nosotros, con la buena fe que hay, no cuesta», dice el encargado de la mezquita, Abbessalam, que, siguiendo uno de los cinco preceptos del islam, no ha comido ni bebido desde el alba hasta la puesta del sol. Abbessalam, junto a Kalifa, que es el responsable de la asociación de ciudadanos magrebíes La Nueva Era, contesta indulgente a las preguntas, aunque asegura que nadie se preocupa por su comunidad, que las autoridades apenas se dejan ver, que sólo han recibido una subvención, para equipamiento, y que los únicos que los visitan de vez en cuando son los periodistas. A la última oración del martes asistieron una veintena de hombres, aunque cuando se nota realmente que el local se les queda pequeño es el viernes. Hay oración especial y las dos plantas se vuelven insuficientes. Los portavoces de la comunidad aseguran que los musulmanes deben cumplir, además del ayuno durante un mes lunar (lo que provoca que rote y que cuando se registra en verano puede llegar a las 16 horas), el orar cinco veces al día, ofrecer limosnas para los pobres y la peregrinación a La Meca, al menos una vez en la vida. Abessalam ya ha ido, Kalifa todavía no. En la mezquita Abou Baker se citan marroquíes, senegaleses, egipcios, sirios, canadienses, rusos y algunos españoles que se han convertido. «El islam no tiene raza ni nacionalidad», explica Abbessalam, quien se muestra crítico con la imagen que los medios de comunicación ofrecen de ellos. Las paredes de la habitación que sirve como recibidor en la mezquita arteixá tienen varios carteles en árabe y publicitan una carnicería de la localidad, Halal. Toda la comunidad musulmana compra allí la carne, que tiene que ser cortada siguiendo un ritual especial de sacrificio. Antes de que este establecimiento abriera hacían pedidos semanales a otro ubicado en Pontevedra. Como buenos seguidores del Corán, no prueban ni el cerdo ni el alcohol. Ríen ante el comentario de la costumbre gallega de beber vino, y reconocen que el único hándicap lo tienen con los más pequeños. «Hay dificultades con las nuevas generaciones con los colegios y los contactos, pero no es grave. Esperamos que sea convivencia en sentido humano, no religioso, sin molestar ni ser molestado», puntualiza Abessalam sin precisar en exceso. Arteixo no tiene la exclusiva de las mezquitas en Galicia. En Santiago, Lugo, Pontevedra, Sanxenxo, Foz y Ourense hay otros lugares de oración para los musulmanes.