Los fogueteiros pierden mecha

GALICIA

GUSTAVO RIVAS

La elaboración de los fuegos continúa, como a principios de siglo, siendo un proceso manual

28 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

La industria pirotécnica gallega se encuentra en la cuerda floja. El pasado 28 de julio la Xunta dictaba una resolución en la que prohíbe cualquier actividad que pueda entrañar algún riesgo de incendios. Muchas de estas empresas son negocios familiares que han ido pasando de padres a hijos y donde más que un grupo de trabajadores forman una gran familia, que ahora, más que nunca, luchan por sobrevivir. Conservan los mismos mecanismos de trabajo, pues la elaboración de los fuegos poco ha evolucionado. «No hay máquinas que puedan hacer un trabajo tan minucioso», explicaba uno de los propietarios. La labor de creación es prácticamente artesanal y sus empleados configuran una pequeña cadena humana, aunque varían su función para no caer en la monotonía. El trabajo invernal ve su recompensa en las fiestas populares y romerías gallegas que se celebran durante el verano. Su ocupación en el período estival se ciñe al espectáculo y al envarillamiento y envase de fuego. Cuando la llegada del invierno empieza a apagar las fiestas, cada pirotecnia habrá realizado entre 30 y 50 romerías y habrá facturado cerca de 250.000 euros, 40 millones de las antiguas pesetas. Al revés que la fábula de la cigarra y la hormiga, la llegada del otoño obliga a las empresas pirotécnicas a realizar el verdadero trabajo. Cerca de diez empleados se distribuyen la creación de los fuegos entre cuidadosas medidas de seguridad para evitar accidentes como el último en A Cañiza. Las casetas parecen búnkeres separados por muros de hormigón rellenos de arena para evitar que se propaguen las posibles explosiones. La subida del fuego es lo primero que se elabora. Para ello, la persona encargada introduce la pólvora mediante una máquina que la golpea y la aprisiona en el fondo. Antes, el más cuidadoso del grupo tendrá que mezclarla en un recinto con temperaturas inferiores a 25 grados, lo que supone que en muchas ocasiones tengan que trabajar de madrugada. Tras este paso, lo más peligroso ya ha pasado. La siguiente función será preparar el tiro, cargándolo con cartuchos que generalmente ya vienen hechos. Entonces, habrá que introducir la mecha (similar a una cabeza de cerilla) para que pueda prender y la pólvora haga volar el fuego. En ocasiones, para hacer el espectáculo más sonoro se insertan varias mechas de distintas alturas que como resultado ofrecen explosiones continuadas pero de distinta escala. Si los fuegos son de colores, se cargarán las luces con la figura que se quiera formar. Cuando estallen en el aire, dejarán la estela que el pirotécnico haya diseñado. Sólo queda que llegue el verano para envarillar los fuegos, cargar los camiones y llegar a la fiesta. Los fogueteiros lanzarán al cielo el trabajo de todo el invierno y continuarán alimentando una larga tradición en Galicia, si les dejan.