¿Somos el pueblo inferior que cuentan que somos?
11 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.EXPERIENCIA personal: hace un año, la barra de favoritos del navegador de Internet de mi ordenador era una procesión de accesos a páginas de medios de comunicación. Ahora está salteada de puertas a las vidas de personas que cuentan sus historias o que expresan lo que piensan y lo que sienten. Se le llaman blogs, una palabra aún desconocida para cientos de miles de gallegos por la exigua introducción de la Red en el tejido social. Las páginas personales en Internet son un fenómeno reciente que recorre el mundo. Hay blogueiros y blogueiras de aquí, y de todos los lugares del planeta. En la campaña del referéndum francés, mientras la casi unanimidad de los medios de comunicación convencionales (periódicos, televisiones, radios) empujaban a la población hacia el «sí», en los blogs galos dominaban los argumentos para el «no». Internet es rebelde, porque es libre. Imparable, porque otorga una autonomía individual casi absoluta. Está todo lo que hay, basta con elegir. El Gobierno chino (nominalmente comunista) no tiene reparos en abrazar las bondades del liberalismo, pero sus autoridades ya han anunciado que pondrán barreras a Internet. La Red les amenaza; les resta capacidad de control sobre el ritmo de transformación de la sociedad de aquel país. Mi blogueiro preferido piensa más que cuenta: el periodista y profesor catalán Arcadi Espada (www.arcadi.espasa.es -el apellido Espada es con «d» y la web con «s», como la editorial-). Sus contrapicados sobre la actualidad catalana y española ayudan a comprenderlas. El martes, Arcadi Espada, Félix de Azúa, Abert Boadella y una veintena más de intelectuales lanzaron un manifiesto para promover un partido en Cataluña. Pretenden iniciar el proceso constituyente de una formación que corrija el déficit de representación. Porque sostienen que en su comunidad (perdón, nación), genera problemas y represalias la mera expresión de las ideas políticas, si no coinciden con el monopolio nacionalista. El eco del manifiesto en Internet aún retumba. En los medios de comunicación al uso, no. Es la suerte de Cataluña frente a la maldición de Galicia. Elección tras elección, a los gallegos nos cuelgan a la espalda desde los altavoces de Madrid o Barcelona el carro, el arado y el analfabetismo. Periodistas y políticos se sienten legitimados para definir la identidad de un pueblo inferior, perdido en la larga noche de piedra, sometido y coaccionado. Sin embargo, ni esto es la prisión de Guantánamo, ni lo otro el ágora de Atenas. Galicia hoy es más urbana que rural, tiene sectores punteros en la industria y el diseño, y mantiene sin resolver problemas estructurales que la sitúan por debajo de la media en varios parámetros sociales. Pero los arados, los arrastran los tractores. Y hay blogs y blogueiros buenos y malos. Como en cualquier lugar. ¡Basta xa!