El cantante norteamericano se enfrenta a sus peores días, esperando el veredicto, entre los rumores que apuntan a una posible fuga ya planeada o un intento de suicidio
06 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La complicada ecuación de la vida de Michael Jackson no le cuadran los números. Cuando el cantante comenzó su carrera todo parecía indicar que 18 premios grammys y 170 millones de discos vendidos en todo el mundo eran suficientes para considerarlo un artista feliz, exitoso y digno de sentarse en el trono del «rey del pop». Años después, y a la espera de un veredicto en su proceso por pederastia, las cuentas han cambiado. Ahora Jackson, que ya cumplió los 40, debe enfrentarse a otros dígitos menos agradables. Concretamente a diez cargos criminales que podrían encerrarlo en la cárcel durante más de 20 años. La suma sigue con sus conocidos problemas de salud; el último, en la madrugada del domingo cuando visitó el hospital por fuertes dolores de espalda, y los insistentes rumores que apuntan a una posible fuga por parte del artista antes del veredicto, una teoría que ya ha sido negada por sus representantes. Que Jackson ya no es lo que era se deja sentir más allá de las matemáticas. Si en el pasado millones de personas acudían a sus conciertos, ahora el artista debe conformarse con una corte de incondicionales, unos 200 acampan a las puertas del juzgado, que siguen confiando en su inocencia. Superando en número a los fans los más de 3.000 periodistas acreditados se dividen entre los que hacen quinielas con el veredicto y los que, ya dando por sentado que Jackson será condenado, consideran su culpabilidad como una condena a muerte. La macabra expectativa se fundamenta sobre todo en la aparente fragilidad del artista, que en los últimos tiempos apenas rellena con 54 kilos su 1,80 de estatura, así como en la dificultad que Jackson encontraría en adaptarse a la cárcel de máxima seguridad de Santa Bárbara. De todos es conocido la fobia que el artista le tiene a los ácaros, algo que debería superar en una prisión donde el cartel de bienvenida a los nuevos reclusos reza: «Por favor, asegúrense que los prisioneros no tienen eccemas ni picaduras de araña». En nada se parece tampoco la celda de 8 metros cuadrados, retrete metálico y colchón de goma, al fastuoso rancho de Neverland en el que habita el cantante. Ante tanta sobreinformación, no es de extrañar que el representante de Jackson declarara ante la prensa que el artista se encuentra realmente desanimado, sufre de estrés lo que le provoca enormes dolores y lo está pasando mal esperando el veredicto. Sin ninguna pista acerca de las intenciones del jurado, un corresponsal de la BBC describió como «caras de póker» la indiferencia mostrada por los 12 componentes en el proceso, lo cierto es que la angustia se ha apoderado de Jackson de tal manera que hasta su familia reconoció ante las cámaras que «debemos tenerlo vigilado las 24 horas», aludiendo a un supuesto intento de suicidio. Para su asesor espiritual Jesse Jackson el nerviosismo se debe sobre todo a que «sabe que es inocente y se ha visto traicionado por las personas en que confiaba».