Cada día laborable se producen en Galicia cerca de 200 accidentes de trabajo, y ni la Administración ni las empresas aciertan siquiera a impedir que aumenten
15 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«Ministro: gastamos más en coronas que en prevención». Esa frase, pronunciada el jueves pasado en un tanatorio de Ferrol, debería llamarnos urgentemente a la reflexión. Debe reflexionar José Montilla, ministro de Industria. Deben reflexionar los responsables de Navantia y de las industrias auxiliares. Pero también debemos reflexionar todos los demás. Lo que ocurrió el miércoles en los astilleros de Ferrol, donde cuatro personas fueron perdiendo la vida una tras otra en un tanque venenoso, no es más que la trágica expresión -dolorosamente amplificada- de algo que viene sucediendo casi todos los días en silencio en un lugar u otro de Galicia. El año pasado murieron en su puesto de trabajo 87 personas, y otras 37 mientras iban o salían de él. La cifra, desde luego, es toda una señal de alarma. Pero, si no es mayor, no se debe a que nosotros nos cuidemos de impedir que crezca, sino al azar. Porque el número de siniestros ocurridos en el año 2004 es altísimo. Exactamente, 47.349. Es decir: cada día laborable se producen 182 accidentes. Y la estadística aumenta cada año en Galicia, mientras baja en el resto de España. ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué sucede justo cuando se cuenta con una exigente legislación sobre prevención de riesgos, que obliga a las empresas a invertir tiempo y recursos en seguridad y formación? Sucede porque empresas y trabajadores tenemos una escala de valores absolutamente deformada. Por un lado, las empresas dan más importancia al ahorro de costes que a la seguridad. Es decir: ponen antes el beneficio económico que las personas. Por otro, muchos trabajadores se ven forzados a aceptar grandes riesgos para no poner en peligro su contrato en precario y sus escasos ingresos. Así las cosas, señor ministro, seguiremos gastando más en coronas que en prevención. A menos que cada accidente laboral evitable lleve aparejada una sanción demoledora.