«Lo que no te mata, te fortalece»

Nacho Mirás Fole

GALICIA

Ourensana nacida en Madrid, reflexionó mucho antes de darle un sí a la política. Su coherencia interna la llevó a enfrentarse al mismísimo jefe de los de la boina; pero duerme muy tranquila Entrevistas anteriores:

03 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Le sobran méritos, pero será recordada por haberle plantado cara al mismísimo presidente del Partido Popular en la tierra de la chispa, el barón Baltar. La vicepresidenta primera del Parlamento de Galicia, Inmaculada Rodríguez Cuervo (Madrid, 1965) se confiesa idealista, lo bastante como para no dejar que una boina demasiado calada le estrangule la melena. -¿Cómo llega una bióloga al Parlamento pasando por una empresa de mecanizados? -Es algo puramente cronológico. Soy bióloga por vocación, pero en el momento no vi la biología como salida profesional. Haciendo la tesina en algas, día tras día detrás del microscopio, me di cuenta de que el trabajo del investigador es admirable, pero me sentía muy sola. Y me gustaba mucho el tema empresarial, mi madre y mi padre son empresarios. -¿Es cierto que cuelga los hábitos de la política? -Todo son etapas. ¡Pero no había terminado de decir cómo llegué al mundo empresarial! Ya veo que vamos al meollo... -Disculpe, es que lo de Baltar... -Lo que decía. Soy géminis, muy dicotómica, todo es a o es b. Mi alternativa era, o seguir haciendo la tesina, o meterme en una empresa. Llegué a la conclusión final de que, para trabajar para otros y que te capitalice una multinacional, mejor hacerlo para tu familia. -¿Y cómo llegó a la política desde su despacho de Mecanizados Rodríguez Fernández? -Por azar, por casualidad y porque acepté. Se fijaron en mí. Sí, fue José Luis Baltar. Había anunciado que iba a poner a una mujer de cabeza de lista, joven, profesional. Yo cumplía el perfil. Después de varios meses de reflexión, dije que sí, creo que la sociedad puede cambiar si nosotros nos incorporamos. -Dicen las malas lenguas que salió rana... -Se dicen muchas cosas. No sé si salí rana, en todo caso que se lo pregunten a él. Yo soy coherente con mis convicciones y he actuado siempre según mi conciencia me ha ido dictando. Tengo muy claras mis fidelidades y mis lealtades. -Dijo usted que en el PP ourensano faltaba democracia ¿cómo se atreve? -Cuando tienes unas convicciones y unos valores, puede que te atrevas a realizar actos que pueden ser considerados insolencia, extravagancia o llámale como quieras. Pero duermo con la conciencia muy tranquila. -A ver, para los profanos: ¿por qué están peleados? -Una amiga me dice que si es que vivo en el mundo de Winnie The Pooh pero, para los cuarenta años que voy a cumplir, creo que he vivido bastantes experiencias y que me he currado las cosas de la vida. Ahora estoy leyendo con mi hijo El Quijote, versión niños, y me estoy identificando mucho, mucho... -¿Con Don Quijote, con Sancho, con Dulcinea tal vez? -A momentos con Sancho; a momentos con Don Quijote. La grandeza de ese libro es que refleja muy bien los comportamientos humanos. -¡Mire vuestra merced que no son gigantes, que son Baltares, digo molinos! -Somos libres de pensar como cada uno queramos. -Me soplan que le apasionan la cocina y el buceo... -Me gusta mucho bucear, sí, pero hace años que no voy. Es donde más libre me siento. -Cuidado, los tiburones están al acecho... -Ya no me da miedo nada, sólo sentirme mal conmigo, eso sí que es fastidiado. -¿Bucea en la música? -Me sigue gustando el pop, soy de las que quieren que vuelva Mecano. -¡Huy!, eso está complicado, dicen que están muy peleados, y eso que no son de Ourense... -Las peores peleas son entre los de casa. -A Baltar sólo le faltó acompañar con el trombón aquella frase que le dedicó a usted cuando anunció que dejaría la política, algo como «A enemigo que huye, puente de plata». Parece el estribillo de una canción... -Me gustaría aprovechar para darles las gracias a todos los que me han apoyado y a quienes han creído en mí, eso sí que te «enche». A los que me juzgaron mal, también les doy las gracias. Lo que no te mata, te hace más fuerte. Sin rencor.