La bomba de Hitler

Beatriz Juez CORRESPONSAL EN BERLÍN

GALICIA

Un historiador alemán asegura que el Tercer Reich estuvo muy cerca de la bomba atómica y llegó a hacer pruebas en 1945 con prototipos de granadas nucleares

14 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

¿Qué hubiera pasado si el dictador Adolf Hilter hubiera conseguido la bomba atómica antes de que Estados Unidos la lanzara en agosto de 1945 sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki? Esta es una de las grandes preguntas que desde hace 60 años se hacen los aficionados a la historia-ficción. El historiador alemán Rainer Karlsch presentó ayer en Berlín su libro La bomba de Hitler (editorial DVA) donde sostiene que los científicos alemanes que trabajaban a servicio del Tercer Reich estaban más avanzados de lo que los historiadores pensaban hasta ahora en sus investigaciones con armas nucleares. Karlsch confesó que no tiene «la prueba definitiva», sino simplemente «una cadena de indicios» que permiten afirmar que Hitler estaba a punto de conseguir la bomba atómica. Hasta la publicación de este libro, los historiadores se basaban en los testimonios de los físicos nucleares alemanes Werner Heisenberg y Carl Friedrich von Weizsäcker como prueba de que los nazis estaban aún lejos de conseguir la bomba atómica. Después de que Washington lanzase el 6 de agosto de 1945 la primera bomba atómica en Hiroshima, estos dos científicos se apresuraron en desmentir que ellos hubieran construido para Hitler un arma tan destructiva. Para demostrar su tesis, Karslch rescata de los archivos de Moscú un discurso que pronunció Heisenberg en junio de 1942 en una reunión de físicos y militares alemanes en Berlín. El físico anunció en esa reunión que, basándose en los descubrimientos de von Weizsäcker en materia nuclear, podrían algún día desarrollar un arma de gran potencia. Sin embargo, el autor de La bomba de Hitler no precisa cuanto tiempo hubiera sido necesario para que los nazis construyeran una bomba atómica de potencia similar a las armas nucleares estadounidenses que arrasaron Hiroshima y Nagasaki. Karlsch desvela que los nazis hicieron a principios de 1945 pruebas con «mini-bombas nucleares» en Tubinga (centro de Alemania) y en la isla de Rügen en el mar Báltico (nordeste del país). «Si estas armas hubiesen estado preparadas para su fabricación en serie y en gran número de piezas, la guerra en Europa podría haber tomado otro rumbo», advierte el historiador, quien asegura que a pesar de su pequeño tamaño eran «muy peligrosas». El autor de La bomba de Hitler asegura que los nazis lanzaron el 3 de marzo de 1945 a las 21.20 horas estas «mini bombas nucleares o granadas nucleares» en Ohrdruf (Tubinga), lo que provocó un radio de destrucción de 500 metros y la muerte de unos 500 prisioneros de guerra y de campos de concentración. «Esa noche vimos una columna delgada en el aire y estaba tan iluminado que se podía leer el periódico en la ventana», dice una testigo, cuyo testimonio es una de las pruebas que aporta Karlsch en su libro. Días después de la prueba, los vecinos de la zona se quejaron de que «les sangraba la nariz, les dolía la cabeza y tenían náuseas». Karlsch recuerda que muchos científicos alemanes trabajaron durante la Guerra Fría para los americanos y para los soviéticos, por lo que a Washington y a Moscú no les interesaba sacar a la luz los avances realizados por los nazis en armas nucleares durante la segunda Guerra Mundial. La editorial, que ha anunciado a bombo y platillo el libro, asegura que Karlsch ha resuelto «uno de los mayores misterios del Tercer Reich». Pero el semanario Der Spiegel publicó ayer una crítica despiadada del libro. Acusa a Karlsch de no aportar pruebas para demostrar «sus tesis espectaculares».