Un imputado por matar a su vecino dice que lo hizo para que dejara de meterse con él

S. Basterrechea A CORUÑA

GALICIA

«Collín a escopeta, cargueina e zas, fóra. Pegueille un tiro», declaró ayer Manuel Caamaño Calo, el sonense acusado de matar con una escopeta de caza a su vecino, Francisco Maneiro Pouso, de 71 años, en un prado de la parroquia de Nebra la tarde del 21 de marzo del 2003. «Estaba farto. El era un vándalo e estaba seguido meténdose comigo cando pasaba pola miña casa. Ese día díxome fillo de puta, cabrón, desgraciado, heiche de joder», añadió ante el jurado popular que desde ayer lo juzga en la Audiencia Provincial de A Coruña. El fiscal pidió para él 18 años de cárcel y que indemnice a la viuda y al hijo de la víctima con 66.000 y 37.000 euros, respectivamente. La acusación particular solicitó una pena de 20 años y elevó la indemnización a 300.000 euros. Según la tesis del abogado de la familia Maneiro y el fiscal, el crimen fue premeditado. Manuel Caamaño, que entonces tenía 62 años, descerrajó por sorpresa un tiro en la cabeza de su vecino, que le provocó la muerte instantánea, cuando éste recogía hierba. Después, guardó el arma en su casa y se metió en cama, donde lo encontró la Guardia Civil. «Zapateeino e deixeino alí tirado. Xa non me volve molestar máis», aseguraron ayer lo agentes que les dijo Caamaño cuando lo arrestaron. «Era un paso más en su propósito de hacer daño a su vecino, con el que se llevaba mal», señaló el fiscal. Problemas de lindes Al parecer, el origen de la mala relación entre ambos era un problema de las lindes de las fincas. Según explicaron las acusaciones, Caamaño ya había sido juzgado un año antes del crimen por agredir a Maneiro con un palo en la cabeza y lo había amenazado de muerte en otras ocasiones. Una de ellas ante la Guardia Civil: «Nos dijo en el cuartel que lo que había que hacer era darle dos gatillazos», declararon los dos agentes que detuvieron a Caamaño en el 2002 por la agresión, aunque matizaron que en Porto do Son «gatillazo» se usa con el significado de dar golpes. En el registro de la casa del acusado la noche del crimen se encontró la escopeta, varias cajas de cartuchos, una pistola de fogueo y muchas fotos. Algunas eran de la víctima. «Era para asustalo, e el botaba a correr», declaró. Alcohol y trastorno La defensa pidió la libre absolución y alegó que el acusado actuó sin saber lo que hacía. Aunque su cliente no lo reconoció, el letrado aseguró que padece alcoholismo y una alteración psíquica. «En esa época se quejaba de que oía voces y que sentía zumbidos en la cabeza», señaló el abogado.