Para evitar que las fuerzas napoleónicas se apropiaran del Santo Grial de O Cebreiro, la iglesia lo envió a un pueblo cercano. Allí fue custodiado mientras duró el peligro. Hay bastante escrito sobre este episodio, pero nada sobre otra amenaza posterior, sólo conservada en la memoria de Jesús Núñez. Peina 83 años, y no hay en el lugar un vecino con más edad. Jesús salvó el cáliz. En compañía de otros, pero ya sólo él puede contarlo en primera persona. Ocurrió antes de la Guerra Civil. Cuando fue quemada una iglesia «seis kilómetros máis abaixo», O Cebreiro se puso en alerta roja. «Os veciños estivemos facendo guardias no templo doce meses». A sus 15 años, lo defendió a punta de escopeta. Se temía por la iglesia, pero, sobre todo, por el Santo Grial. «Chegaron a vir de noite, pero non puideron con nós». Cuando estalló la contienda, el Ejército de Franco y la Guardia Civil tomaron el relevo. Hoy, miles de peregrinos se arrodillan cada año ante ese cáliz milagroso. Por cierto, dice Jesús que en nada se parecen a los del ayer: «Agora son todos ricos. Antes, hai trinta anos, eran mendigos que chegaban mortos de fame e pedían un anaco de pan».