Tras el coma, ¿desahuciados?

Xavier Lombardero LUGO

GALICIA

KOPA

Las limitaciones de los sistemas sanitarios y asistenciales públicos dejan a enfermos y familiares en situaciones desesperantes, difíciles de asumir

15 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Unos segundos cambian la vida de un grupo de personas convirtiéndola en un callejón sin salida durante muchos años. Ocurre con los pacientes en coma profundo o en estado vegetativo crónico persistente, y con sus familias. No se ha revelado un censo oficial en España, pero muchos gallegos claman contra la falta de centros públicos para tratar a estos enfermos. Médicos y familiares dicen que la sociedad no está preparada para atenderlos. Asociaciones de ayuda como Sarela, en Santiago, reciben multitud de consultas sobre posibles clínicas donde ingresar a los pacientes en coma, una vez que sus constantes vitales han sido estabilizadas y reciben el alta hospitalaria. Existen contadas clínicas privadas en A Coruña y Vigo con plazas o una fundación en Ourense con algún ingreso, pero pocas personas se atreven a concretar o recomendar, porque, aseguran, no hay acreditación oficial específica. A menudo son las aseguradoras las que eligen, pero muchas familias se han visto obligadas a convertirse en enfermeros domésticos. No es extraño que el comatoso acabe en un geriátrico o en un centro para enfermos terminales. Mari Cruz Fraile, coordinadora de la Federación Española de Daño Cerebral (Fedace), con sede en Madrid, dice que el único lugar público es el madrileño Centro Estatal de Atención al Daño Cerebral (Ceadac), dependiente del Imserso, que sólo admite pacientes con unos mínimos de consciencia, para su rehabilitación. Asegura rotunda que los comas profundos son los más desamparados. Hay distintos grados de coma, desde los de una mínima consciencia hasta el vigil o estado vegetativo, y la controversia médica es importante. Vivir después de sobrevivir a un accidente no es fácil. Y esto reza también para la familia. La psicóloga compostelana Rocío García resume la dolorosa situación diciendo que «o do coma é o último, hai unha especie de duelo diario sen solución. Porque a relación do coidador co enfermo é unidireccional». A este callejón de miradas erráticas y sondas de alimentación son arrojados a diario desde las carreteras muchos jóvenes. El paréntesis vital y económico suele ser largo (por la resistencia física de la juventud) y los cambios familiares son dramáticos, imposibles de enjuagar con una fuerte indemnización del seguro.