«¿Pero quién ganó al final las elecciones del domingo?»

M. Cheda

GALICIA

M. CH.

Antes de la era Florentino, a mediados de los noventa, cuando los merengues se obcecaban en dilapidar el prestigio ganado décadas atrás, un anuncio convirtió en estrella televisiva a un simpático viejete. En aquel vídeo, el conductor de un todoterreno alcanzaba un recóndito paraje; entonces, el único lugareño, el anciano en cuestión, que vivía apartado de la realidad, lo interpeló: «Y el Madrid qué, ¿otra vez campeón de Europa, no?». Con frecuencia, dentro del Camino sucede eso, que quienes lo recorren desconectan. María, una peregrina treintañera que partió de Roncesvalles a finales de febrero, llegó ayer a O Cebreiro aquejada de una tendinitis, para reposar durante dos días y luego continuar su marcha hacia Santiago. Una vez que se vio fuera del papel de romera, al mediodía, se animó a entablar conversación con un grupo de vecinos. «¿Y qué partido ha ganado las elecciones al final?», inquirió para asombro de los contertulios. A algunos se les dibujó un gesto delator, mientras que el resto rompieron en carcajadas. «¿El PSOE? -prosiguió ya informada-. Pues habrán echado al Urdaci, ¿no?». Medio obligada por la situación, enseguida trató de excusarse. «En Manjarín (entre Astorga y Ponferrada) nos encontramos con dos guardias civiles y les preguntamos, pero no nos quedó muy claro el resultado», aclaró. Y no es que la mujer sea corta de entendederas, ni mucho menos; ni tampoco que le resbale la cosa política, como denota su camiseta de Nunca Máis. Simplemente se trata de la ruta jacobea que, por lo visto, induce a la abstracción. En expresión muy fraguiana, ella lo explicó así: «En el Camino no se siente necesidad alguna de saber nada ajeno. Vas a lo que vas, y punto». Antes de llegar a la aldea de origen prerromano, sí conocía, sin embargo, los atentados del 11-M, aunque no en toda su magnitud. «Saliendo de León -relató-, la hospitalera del albergue donde habíamos dormido nos comentó que había estallado una bomba y que había once muertos. Luego ya supimos que eran ciento y pico». Se cuentan a decenas los peregrinos como María, caminantes desconectados.