Comienza el juicio por pederastia contra Marc Dutroux, que hace ocho años raptó y violó a seis niñas, de las cuáles sólo dos vivieron para contarlo
27 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.«No puedo olvidar lo que ha pasado, pero estoy viva y puedo probarlo». Con esta determinación encara Sabine Dardenne, de 20 años, la apertura del juicio contra el individuo que supuestamente la raptó, la amenazó, le inyectó drogas, la violó y la mantuvo secuestrada durante 80 días en un sótano cuando tan sólo tenía doce años. Ese individuo es Marc Dutroux, un nombre que provoca repugnancia en Bélgica, pues está detrás del mayor escándalo de pederastia sufrido en el país. En los rasgos de Sabine ya casi no es posible adivinar los de aquélla niña aturdida, que lloraba sin consuelo en brazos de la policía, cuando fue liberada de su cautiverio, famélica y entumecida, en agosto de 1996. Junto a ella, también fue rescatada con vida Laetitia Delhez, que sumaba seis días de secuestro. Otras cuatro niñas -dos de ellas de ocho años- no tuvieron tanta suerte. Sus cuerpos, unos enteros y otros descompuestos, fueron apareciendo a cuentagotas en distintas propiedades de Dutroux. Los testimonios de las dos supervivientes van a ser la principal prueba de cargo contra Marc Dutroux en el proceso por pederastia que se abrirá el próximo lunes en el Tribunal de Arlón, una pequeña ciudad belga situada en la frontera con Luxemburgo, en la que empezaron a tomar posiciones periodistas de 250 medios de todo el mundo para informar de un caso que tiene mucho de novelesco. Entre las 400.000 páginas del dossier Dutroux hay alusiones al asesinato de uno de los cómplices del pederasta, al extraño suicidio de una persona próxima al proceso. Se habla también de jueces que tuvieron que inhibirse del caso, de gendarmes que destruyeron pruebas, de testigos X que apuntan hacia la existencia de una red de pederastia en la que estarían implicados personalidades relevantes de Bélgica e incluso se alude a un libro, publicado en Francia y maldecido en Bélgica, en el que los periodistas Jean Nicolas y Frédéric Lavachery trazan nexos entre la red de prostitución infantil y miembros de la familia real belga. Para aderezarlo todo un poco, este affaire tiene también su fuga, quizás un poco más cutre que la protagonizada por Roldán en España. Ocurrió en abril de 1998, cuando Dutroux, vigilado únicamente por un policía, se escapó del Palacio de Justicia de Neufchâteau y se echó al monte en una acción que, aún hoy, hay quien cree que estaba preparada. Afortunadamente, el hombre más abominable del país fue apresado horas después en un bosque de la zona. Pero ya no hubo perdón posible para los ministros de Justicia y del Interior. Ambos tuvieron que dimitir. Gracia real Dutroux, un electricista en paro de 47 años, ya fuera condenado en 1989 a 10 años de cárcel por violación de menores. Pero apenas estuvo tres entre rejas, pues en 1992 se benefició de una gracia real que lo dejó en la calle. Junto a él, en el banquillo de los acusados se sentará Michel Nihoul, de 62 años, un estafador que se cree puede ser una especie de enlace entre Dutroux y una red de pederastia a gran escala. Michelle Martin, ex-esposa de éste último, y Michel Leliévre, una heroinómana que le ayudó en los secuestros, también están implicadas. Este caso parece revivir en la memoria belga lo peor de su historia reciente, hasta el punto de que un sondeo del instituto Inra, difundido el jueves, señala que el 66% de los ciudadanos son partidarios de aplicar a Dutroux la pena de muerte, abolida en 1996, si se demuestra su culpabilidad, mientras que otro 68% cree que la persona más odiada del país estuvo protegida por las altas instancias del Estado.