El maestro y el discípulo

Marta Valiña ENVIADA ESPECIAL | O CEBREIRO

GALICIA

Ovidio Campo y Paco Carbonell son como Sherlock Holmes y el doctor Watson. Para Ovidio, éste es su Camino número 18. Conoce tan bien la ruta que incluso ha escrito un libro sobre ella (Diario de un peregrino del siglo XXI) y podría hacerla con los ojos cerrados. Paco es un novato incapaz de ocultar una admiración extrema por su compañero de peregrinación. «Decidí hacer el Camino para alejarme de un problema personal y ha sido una suerte y un privilegio encontrarme con Ovidio», asegura, mientras su colega intenta restarle importancia y niega con la cabeza. Los dos tenían la intención de viajar solos, sobre todo Ovidio, que únicamente en dos ocasiones ha peregrinado en compañía y que asegura que no quiere «depender de nadie y mucho menos que alguien dependa de mí». Pero como la experiencia es un grado, Paco se pegó a su compañero desde que partieron de Roncesvalles el pasado día 1. Durante más de veinte días han compartido albergue -«aunque Paco ronca como un oso», se queja Ovidio- y han disfrutado «de la naturaleza, de la gastronomía, de la gente, del encuentro con uno mismo, del arte...» Nada de religiosidad, «pero sí espiritualidad», dicen al unísono. Ovidio asegura, mientras Paco asiente, que, si por él fuera, el Camino acabaría en O Cebreiro porque «después, hasta Santiago todo es puro márketing». El más veterano, además, ha montado un albergue privado en Castrojeriz (Burgos) -aunque, ante todo, se considera «un peregrino»-, y Paco se ha convertido en su mejor director de márketing: «El convento de San Antón, del siglo XIV, es increíble», dice mientras que Ovidio comienza a sonrojarse y puntualiza que, aunque es privado, nunca cobra a los peregrinos e incluso los invita a cenar. «El camino es una experiencia que engancha», concluye Paco citando literalmente a Ovidio, mientras que éste lo mira como un maestro a un alumno primerizo. «Elemental, querido Watson», parece decir la mirada del experimentado romero.