Cuentos en el fútbol

La Voz

GALICIA

El mundo a los cuatro vientos En Argentina pretenden cambiar los modales de los hinchas regalando libros de relatos dedicados al deporte en las puertas de los estadios

04 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

El ministro de Educación argentino, Daniel Filmus, está convencido que podrá lograr que los barrabrava (los forofos más violentos) de las hinchadas de fútbol y algunos otros seguidores menos alterados, puedan cambiar de modales a la hora de referirse a la familia del árbitro, a su propio portero o al míster que sacó del campo al jugador equivocado. La clave está en la educación, y ya que los hinchas no están por la labor de regresar a la escuela (si es que alguna vez fueron), la iniciativa del funcionario es llevarles la cultura al estadio. Esta idea tiene un título en argentino: «Cuando leés, ganás siempre», y consiste en entregar, de manera gratuita, libros con texto de autores nacionales referidos al deporte a la entrada de los campos de juego los días de partido. También el proyecto tiene un padrino de lujo, el escritor Ernesto Sábato, que a sus 92 años asistió al comienzo de un partido entre los equipos de Quilmes y San Lorenzo de Almagro. Allí, desde el centro del campo, entregó un ejemplar a cada uno de los capitanes de los equipos. Penalti interminable El primero de los libros que se regalaron contenía el fantástico cuento de Osvaldo Soriano, El penal más largo del mundo donde se cuentan las peripecias de un goleador y del arquero rival durante siete días, entre la suspensión del partido justo antes de que se patee el penalti y la concreción de la pena máxima, una semana más tarde. Bellas promotoras entregaban los ejemplares a los hinchas, que se mostraron sorprendidos y confundidos. Algunos creían que se trataba de alguna publicidad política; otros confundieron el libro con algún folleto de publicidad y los menos lo tiraban sin siquiera mirarlo. Algo se estaba logrando, la literatura y el fútbol se hacían socios para intentar «educar» un poco a la masa que, dicen las estadísticas de este país lastimado en su educación desde hace décadas, abandonó sus estudios o jamás los inició en un 68%. Y Sábato, un intelectual, levantó su brazo desde el círculo central mientras miles de seguidores futboleros lo aplaudían sosteniendo un delgado libro bajo el brazo, una imagen impensable que se diluiría minutos después, reemplazada por los cantos partidarios y el regreso al vocabulario fronterizo entre el mal gusto y el insulto. Suerte que el anciano escritor ya está un poco sordo. A favor y en contra La idea tuvo defensores y detractores, siempre pasa. «A quién se le ocurre llevar libros a un campo de fútbol¿», sostenían algunos. «Si de todos los libros repartidos, el uno por ciento son leídos, ya se hizo una gran tarea», mantenían los más optimistas. Ahora los domingos hasta los relatores deportivos comentan el hecho y aseguran que «en la tribuna visitante hay mucha gente sentada leyendo¿» o «una lástima que hayan roto algunos libros para hacer papelitos con que celebrar la salida del equipo local¿» En esos cuentos hay personajes que se parecen a estos nuevos lectores ocasionales. Tal vez algunos quieran identificarse con los héroes de tinta y les pueda quedar la mínima enseñanza. Ya es sabido que por muchos cuentos que le entreguen en el estadio, jamás oiremos a un hincha furioso gritar «¡caramba señor árbitro, no ha estado usted acertado en esta decisión, debió haber pitado para el otro lado¿!». De cualquier manera y como un símbolo, el primer domingo del ensayo cuando el público se retiró, en la tribuna no quedó ni un cuento en los asientos.