El mundo a los cuatro vientos Un club de Internet avisa a sus miembros en cualquier momento para hacer cosas absurdas sin ningún motivo. Es el «flash mob» y tiene miles de adeptos en el mundo
20 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Imagínese pasear por la gigantesca juguetería Toys R'Us que está en Times Square en Nueva York y, al subir al segundo piso, se encuentra un grupo de 60 adultos arrodillados frente a un enorme dinosaurio mecánico haciendo reverencias, como si veneraran a un dios. O bien que sale de un supermercado de Minneapolis y ve a decenas de personas escuchando la música que sale de sus móviles y moviendo sus manos como si estuvieran dirigiendo una orquesta imaginaria. O bien, como pasó hace dos semanas en Londres, ve cómo 250 personas se congregan en una tienda de muebles para admirar las virtudes de un vulgar sofá y hablando entre ellos sin pronunciar la letra «o». O, por poner otro ejemplo, lo sucedido hace un mes en Berlín: cientos de personas se pusieron a hacer ejercicio, saltar y andar en círculo en una plaza pública, ante la mirada atónita de los transeúntes. A medio camino entre el happening surrealista y el performance artístico teledirigido, los llamados flash mobs -cuya traducción sería «manifestaciones relámpago»-, forman parte de esos fenómenos coloristas e inconsecuentes que tanto gustan a los sociólogos de tertulias radiófonicas. La peculiar moda empezó a principios de verano en Nueva York y fue creada a través de Internet por un personaje enigmático llamado Bill, y ahora se ha expandido a todos los rincones del planeta. El funcionamiento es sencillo: quien quiera formar parte de este fenómeno tiene que inscribirse en un grupo de Internet especializado en estos menesteres y esperar a recibir instrucciones por e-mail o teléfono móvil. Generalmente se cita a todo el mundo en un bar o una plaza a una hora determinada, en donde tendrán que encontrar a un enlace que les dará las instrucciones a seguir. En cuestión de minutos, la manifestación espontánea y gratuita está lanzada. Lo más curioso de esta moda es su falta de sentido lógico o racional y su carácter hasta ahora totalmente inofensivo. No constituye en hacer provocaciones a los sacrosantos estamentos o la autoridad, como las que ingeniaban en el París de los años 30 André Breton y sus compinches surrealistas. Son sólo lo que son: manifestaciones breves y automatizadas de un comportamiento fuera de contexto. Ilusión óptica Según cuenta el sitio de Internet que empezó todo, flashmob.com , «el fenómeno flash mob constituye un enigma. Como una ilusión óptica, si se estudia durante demasiado tiempo empieza a perder su sentido. ¿Por qué unos adultos se entusiasman con ir a unos grandes almacenes y mirar una alfombra junto con más gente? Puede que todos estén aburridos, pero también comparten las mismas angustias». Según dicta el portal de Internet, un flash mob «es un acontecimiento que permite a las personas conectar de forma física en un espacio público. A lo mejor los participantes comparten un sentimiento de desconexión. Algunos dirán que esto ha sido causado por el auge de las telecomunicaciones, porque nos ha vuelto perezosos y ha destruido las redes sociales tradicionales. Otros argumentarán que los gobiernos y sus esbirros, los medios de comunicación, han nublado nuestra percepción para la verdad y la justicia. También podría verse como una protesta contra los corporativos y la globalización». Sea lo que sean, valgan lo que valgan, los flash mobs revelan en todo caso la necesidad que tiene mucha gente de poner un toque de absurdo a sus rutinarias vidas. Marcel Duchamp, Eugene Ionesco y demás defensores del absurdo en el arte deben de estar divirtiéndose en sus tumbas mientras más de un ciudadano tranquilo agitará su cabeza pensando aquello de «ahora la gente está loca».