Alemanes contra la pizza

La Voz

GALICIA

El mundo a los cuatro vientos Las disputas entre Schröder y Berlusconi han agitado el sentimiento contra todo lo italiano en el país más poblado de Europa

11 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Dice un sondeo elaborado por la cadena de televisión N-TV que cuatro de cada cinco alemanes respalda la decisión del jefe de Gobierno, Gerhard Schröder, de suspender sus vacaciones en la costa italiana. Claro que sólo es un encuesta. Porque como hubiese un porcentaje similar de teutones dispuestos a echarse al monte como su canciller, Italia tendría poderosas razones para empezar a temblar, pues cada año recibe a casi nueve millones de turistas alemanes. La ensalada de acusaciones y excusas que estos días se traen Schröder y Berlusconi, tiene mucho de opereta de segunda clase, pero no se le puede negar el mérito de que ha logrado tocar la fibra sensible de muchos sufridos ciudadanos que pueblan el norte y el sur de los Alpes. Hasta el punto de que en Alemania ya existen campañas para boicotear la pizza y los espaguetis a la carbonara, mientras se recomiendan destinos alternativos para unas vacaciones como el desierto de Atacama, en Chile. «Allí no molestaríamos a nadie y, al fin y al cabo, hay kilómetros de costa intacta», informó la emisora Deustche Welle . A los pocos días de producirse el incidente en la Eurocámara, en el que Berlusconi comparó con un nazi a un eurodiputado socialista alemán, el 14% de los germanos se mostró dispuesto a vengar la acusación prometiendo no pisar jamás un restaurante italiano, según un sondeo publicado por el semanario Wirtschaftswoche . Los acontecimientos posteriores, en los que el viceministro de Turismo de Italia, -que ayer mismo presentó su dimisión-, describía a los bañistas alemanes poco menos que como gente que se mete en las playas lanzando eructos, quizás a lo único que contribuyeron es a agrandar esta horquilla y a que la prensa sensacionalista teutona insista en recordar que los autos Fiat, el diseño de Alessi y la ropa de Armani también son italianos. «En Italia también tenemos orgullo nacional», dice Vincenzo Collarino, trabajador de la Comisión Europea, «y es comprensible que cuando se habla tan mal de nuestro primer ministro, también haya gente que se ponga a la defensiva». Claro que en la patria de Dante conocen mejor a Berlusconi y saben poner en su sitio las cosas que salen por boca de algunos que lo rodean. Sin embargo, el culebrón germano-italiano se ha convertido en uno de los argumentos preferidos de la prensa europea, entrega por completo al fragor del verano. El diario británico The Guardian llegó a publicar un amplio reportaje en el que propone siete destinos alternativos para evitar los lugares más bellos de Italia. A los amantes de Roma, les recomienda Atenas. A los de Venecia, que se vayan a Ámsterdam; a los de Milán, Madrid, a quienes adoran Florencia, ciudad de México... Pero es muy dudoso que esas recomendaciones puedan hacer mella en personajes como Tony Blair, que posee una casa en la campiña toscana e incluso le puso al menor de sus hijos el nombre de Leo, en honor a Leonardo da Vinci. Mientras algunos se rinden a la buitrosa tarea de azuzar a los alemanes para que boicoteen Italia, no estaría de más acordarse de gente como Sthendal, a quien le provocaba desmayos la belleza de Roma, o al alemanísimo Goethe, que si acabó colgando la abogacía y escribiendo deliciosas obras como Fausto fue en gran medida porque encontró la inspiración en el transcurso de un viaje por todo el país transalpino en el que empleó dos años.