Crónica | Un año del traslado de la estatua de Franco en Ferrol Doce meses después del polémico traslado de la imagen del dictador, apenas hay turistas atraídos por la gigantesca figura. De la expectación inicial sólo queda un goteo de curiosos
03 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Un rosario de visitantes y ramos de flores a los cascos del caballo atestiguaban, en julio de 2002, que el traslado de la estatua de Franco en Ferrol no era una operación urbanística más. Meses de negociaciones políticas y más de un duermevelas le había costado al BNG acometer desde el gobierno local uno de los puntos más espinosos de su programa. Por simbólico. Por atrevido. Un año después de aquella noche, la del 4 de julio, el número de turistas que pasan diariamente por las instalaciones militares de Herrerías -la nueva ubicación de O Cabalo- ha decrecido sustancialmente. De chorreo a goteo. Las últimas estadísticas, las del 2002, cifran en cerca de 10.000 los curiosos que se han acercado por el museo naval, la nueva casa de la figura. Es un 25% más que en el 2001, pero la relación con la estatua no es directa. Es sólo un cómputo de turistas en las salas, no en el exterior, donde se alza majestuoso el general con su caballo. «Por el morbo» «Al principio venía mucha gente por aquí, por el morbo, y la cifra de visitantes ha subido, pero no es por eso», dice Santiago González-Llanos, director del museo. «Eso», es el caballo, una espectacular figura de bronce, fundido hace 36 años en la factoría de Bazán -hoy Izar Ferrol-, en la misma ciudad que vio nacer al famoso jinete en 1892. La estatua figuró durante siete lustros en la plaza de España, en las postales, en los mapas de algún nostálgico. Pasó más de una vez por la brocha rosa de los independentistas y hasta soportó una bomba. Pudo con todo el general a caballo. Hasta 1999. Entonces el BNG, en el gobierno, retomó su idea de recolocar al dictador. Cerca de diez toneladas levantó una grúa en una aparatosa operación, que se fraguó durante semanas, pero de la que nada se supo hasta un día antes. La entente nacionalista-socialista mantuvo en máximo secreto la fecha del traslado. Fue de noche. En la primera media hora del 5 de julio, la estatua desaparecía del centro de la ciudad, de una plaza en la que se inició la construcción de un aparcamiento subterráneo. ¿Verdadero motivo éste o una simple excusa ideológica? Los nacionalistas sostienen la primera tesis. Los conservadores, la segunda. «Non se sostiña a entrada da cidade con esa estatua presidindo», repitió Xaime Bello (BNG), el mismo alcalde que recibió aplausos y algún viva aquella madrugada. El mismo que dijo: «O traslado non influirá nas eleccións». Tras el 25-M, encabeza la oposición municipal. ¿Pasó factura O Cabalo? El futuro El lugar que ocupó el caudillo durante casi cuatro décadas lo han bautizado en la ciudad como burato o zona cero. Tras el cambio de gobierno local, nadie sabe qué aspecto tendrá la nueva plaza de España. El BNG presentó una maqueta que proyectaba la ubicación de una nueva estatua. ¿Volverá O Cabalo? No. Lo descartaron todos los partidos que concurrieron a las elecciones.