Tras cumplir ocho años de una condena de veinte, seguía siendo el número uno, tanto para los colombianos como para los servicios antidroga.
16 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.José Ramón Prado Bugallo, Sito Miñanco, o simplemente Sito para sus incondicionales y allegados, lleva un año entre rejas tratando de asimilar una realidad que le eriza sus descuidadas greñas: cuando salga de la cárcel será un anciano en edad de jubilación. Pero, ¿cómo cayó el número uno indiscutible del tráfico de cocaína en Europa? Las distintas fuentes policiales y judiciales de la lucha antidroga consultadas por este periódico a lo largo de los últimos doce meses coinciden en un punto clave: por su obsesión en participar directamente en las operaciones. «Lo que le pide el cuerpo es pilotar la planeadora. Sabe que eso no es posible, pero no puede evitar dirigir personalmente, vía satélite, la delicada maniobra de trasvase de la droga del nodriza al pesquero», recuerda una de las personas que mejor lo conoce. Que allá por las Navidades del 2000 una de las principales organizaciones colombianas, participada por los paramilitares, buscase como socio en Europa a Miñanco no es casualidad. Los expertos consultados sólo se explican la elección por el altísimo prestigio de que gozaba el cambadés en los centros de decisión colombianos. Un prestigio que probablemente estaba avalado por un número suficiente de operaciones anteriores culminadas con éxito. El Judas libanés Los preparativos para hacer llegar a España una primera partida de 5.000 kilos del codiciado oro blanco colombiano empezaron a rodar en los primero días del 2001, después de un encuentro celebrado unas semanas antes en La Habana por cualificados representantes de la organización colombiana con un libanés afincado en Canadá, para proponerle que consiguiese un mercante y una carga legal para dar cobertura al transporte de la cocaína desde el Pacífico hasta el Atlántico. Lo que no se les pasó por la cabeza a los colombianos ni a sus socios españoles era que el libanés, que según lo convenido iba a recibir 1.000 dólares por kilo de cocaína transportado -gastos aparte- los iba a vender a la DEA. Pero ocurrió, y cuando la embajada colombiana llegó a Madrid para concretar detalles con los españoles ya la estaba esperando la policía española, que no les sacó el ojo de encima ni un instante. Primera sorpresa: el interlocutor que acude a las citas es el mismísimo Enrique García Arango, Quique , un colombiano que lleva años afincado en Madrid. «Si está Quique, está Sito», concluyeron los responsables del operativo. La deducción no era nada descabellada. Hacía años que los distintos servicios antidroga -Policía, Vigilancia Aduanera y Guardia Civil- que se afanaban por investigar a Miñanco sabían que Quique Arango era la mano derecha de Sito. «Ahora o nunca» El convencimiento policial de que Sito estaba en la pomada le dio un vuelco a la historia. «Lo pillamos ahora o nunca, porque éste cada vez vuela más alto», dijo alguien en el cuartel general de Canillas. «Ahora», replicaron de arriba, y se pusieron manos a la obra. «Hay que extremar la discreción porque tiene orejas por todas partes», advirtió alguien. Sólo había cuatro personas al tanto de todo. Lo primero fue el diseño de la operación para interceptar la droga y cogerlos a todos con las manos en la harina . Luego había que darle cobertura jurídica. Con el asentimiento del libanés y su tripulación decidieron una estrategia inédita: meter a los GEO en el buque nodriza para que interviniesen en el momento justo del trasvase de la droga al pesquero enviado por la organización española. En Madrid todo iba sobre ruedas. Sólo había un problema: Sito Miñanco seguía siendo una realidad virtual, no asomaba la cabeza. Ya casi lo daban por perdido. Por eso, a las cinco y media de la tarde del 15 de agosto, en el hotel Meliá América, de Madrid, cuando los agentes que controlaban una cita del libanés con Quique Arango y los colombianos a través de las cámaras de seguridad del hotel lo vieron aparecer en el hall no daban crédito. «Lo tenemos», avisaron por teléfono a la central sin perder un segundo. El resto estaba chupado . A las nueve de la tarde hora local -una de la madrugada en Madrid-, los GEO inmovilizaban a la tripulación del pesquero Tatiana , cuando ya estaban sobre su cubierta 40 de los 186 fardos de cocaína, y en el chalé de la urbanización El Bosque, donde tenía instalado el centro de operaciones, tras echar abajo la puerta otra unidad de los GEO, caían Sito y su guardia de corps . Era el triste final del más singular delincuente gallego de los últimos tiempos.