Un coruñés narra su experiencia en Kabul José Manuel Vegara lleva 15 días en Kabul y ya se dado cuenta de que la fuerza internacional es necesaria: «Este país está muy mal, peor de lo que creía». Este coruñés cree que «cuantas más dificultades, más se aprende».
23 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.NO es fácil retener a José Manuel al otro lado del teléfono. El sonido no es bueno y él está impaciente por regresar al trabajo, que le ocupa doce horas al día. Pero su caso no es especial. Hay mucho por hacer en Kabul. La jornada comienza a las siete de la mañana: toque de diana, ducha y desayuno, un lujo impensable hasta hace poco: «Al principio las condiciones eran muy malas; no teníamos servicios y no empezamos a comer caliente hasta hace un par de días». Después, a la tarea. José Manuel forma parte de la unidad de transmisiones de la Brigada de Cazadores de Montaña, con base en Jaca. Su trabajo es garantizar las comunicaciones entre unidades y los enlaces con España. Y en Afganistán, eso supone trabajar hasta las diez de la noche. Jornadas tan largas dejan poco tiempo para conocer el país. El trato con el pueblo es escaso, pero positivo: «La gente de aquí nos quiere; nos saludan por la calle y nos sonríen, saben que estamos aquí para ayudarles». Para José Manuel la experiencia no es nueva. Hace un par de años estuvo en Kosovo, otro lugar destrozado por la guerra y el odio. Le gustó, así que cuando pidieron voluntarios para ir a Afganistán no lo dudó: «Como experiencia humana y profesional me quedo con esto; en Kosovo todo estaba ya hecho, mientras que aquí partimos de cero y cada día te enfrentas a un problema nuevo. Es mucho más bonito». Pero no todo son satisfacciones; una misión así siempre entraña peligro y los soldados son conscientes de ello. Hace días, los francotiradores atacaron un puesto de observación británico; y el propio ministro de Defensa, Federico Trillo, calificó la misión como «de alto riesgo». José Manuel no quiere dramatizar y quita hierro al asunto: «Yo creo que el ministro exageró un poco». La familia, «algo triste» Quizás su esposa Cristina no piense lo mismo. Cuando su marido le anunció que se marchaba a Afganistán, se quedó preocupada y «algo triste», más que cuando se fue a Kosovo. El tercer miembro de la familia es una hija demasiado pequeña aún para preocuparse: «Hombre -dice su padre-, no querían que me fuese, pero es normal; lo raro sería que estuvieran deseando perderme de vista». Para un soldado profesional, las misiones en el exterior son una oportunidad para abandonar la rutina del cuartel y poner a prueba su preparación. En Afganistán, los españoles han tenido oportunidad de trabajar codo con codo con soldados de otros 17 países. Un poco de inglés y un mucho de buena voluntad permiten que entre ellos haya buena comunicación. Y otra motivación es la económica. José Manuel, soldado sin graduación, gana unos 780 euros mensuales, pero cuando estuvo en Kosovo su sueldo se multiplicó casi por cuatro gracias a dietas y pluses. En esta ocasión aún no les han hablado de dinero, pero todos esperan que ocurra lo mismo. «Está claro que se gana más que en España; no da para hacerse millonario, sobre todo si tienes familia, pero sí para ir tapando algunos agujeros». José Manuel y sus compañeros saben que no volverán a casa hasta el 30 de abril como muy pronto. Lo más probable es que el mandato de la Isaf se prorrogue y que no regresen hasta el verano. Con resignación, todos echan cuentas de los días que faltan y vencen la morriña viendo el canal internacional de Televisión Española. Afortunadamente, hay mucho trabajo por hacer y poco tiempo para pensar.