La corporación de Baiona le quita el sueldo al alcalde por no acudir al concello para atender a los vecinos
21 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.ALEJANDRO MARTÍNEZ BAIONA El alcalde de Baiona a lo mejor tiene que conformarse con una buena tortilla de patatas y una lata de sardinas esta Nochebuena. Dada su situación económica, puede quedarse sin saborear los exquisitos manjares que se consumen estas fechas. La razón es que el pleno decidió ayer quitarle el sueldo al considerar que su trabajo no justifica su dedicación exclusiva y, mucho menos, su salario. La propuesta partió de sus ex-socios del PP, aquéllos a quienes no cedió el bastón de mando en julio como había prometido, los mismos que un día le subieron el sueldo un 35% por no ser diputado provincial, aquéllos con los que hace dos años formalizó un pacto para desbancar de la alcaldía al socialista Emilio Iglesias con una moción de censura. Son cosas de los matrimonios, que no siempre salen bien: lo que un día fue amor al otro se convierte en odio y deseo de venganza. Hombre ilocalizable A Benigno Rodríguez Quintas, Chicho, le han quitado la paga por no acudir al concello, por ser la casa consistorial el último lugar donde poder localizarle, por estar metido más tiempo en el precioso Parador de Turismo de Baiona que en su despacho del Ayuntamiento, por pasar las horas en el Monterreal Club de Yates y en el Club Financiero de Vigo. Allí dice la oposición que su secretaria le lleva los papeles del Ayuntamiento para firmar. Le han quitado el sueldo por sorpresa, sin advertirle de las consecuencias de dar tantos plantones a los vecinos, que un día sí y otro también se encuentran con que el señor alcalde no se encuentra en su despacho. De esta manera, Benigno Rodríguez Quintas dejará de cobrar la nada desdeñable cifra de 53.994 euros al año (8,9 millones de pesetas). Por lo menos, ahora tendrá más tiempo para dedicarse a sus negocios de hostelería y a sus aficiones, sin que los miembros de la oposición mayoritaria se rasguen las vestiduras. A lo mejor, si se aplica, la corporación le devuelve el salario, o quizá mantenga la situación para obligarle a dimitir, pues gobierna de manera muy precaria con cuatro concejales. En definitiva, llegan tiempos de vacas flacas para el alcalde que un día se hizo famoso por arrestar a una vaca que pastaba en la plaza del pueblo. La oposición le aprieta quitándole el sueldo y a él no le queda más remedio que tomárselo con mucha resignación y apretarse el cinturón. A Chicho no sólo le han fastidiado la cena de Nochebuena, le han fastidiado la Navidad entera. Por lo menos, podían haber esperado a enero para darle esta desagradable sorpresa. Qué mala sangre tienen a veces los de la oposición...