«Nuestro delito es querer trabajar»

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GALICIA

MACÍAS

Los colombianos «sin papeles» sorprendidos montando muebles en Sarria aseguran que sólo buscan ganarse la vida La historia de Rolando, José Ernesto, Gilberto y Mauricio es la misma que la de miles de inmigrantes que salen de su país con un único objetivo: trabajar para mantener a sus familias. Los cuatro colombianos «sin papeles» que fueron sorprendidos esta semana por la Guardia Civil trabajando en una fábrica de muebles de Sarria explican cómo llegaron a esta situación, y aseguran que no quieren que se les juzgue sin conocer las circunstancias que les obligaron a venir a España. Ahora que se han quedado sin trabajo, no temen por lo que les vaya a pasar, pero sí por sus familias. «¿Qué harán si no mandamos dinero?», se preguntan.

17 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

R. N. SARRIA «El único delito que hemos cometido es querer trabajar. No hemos dejado a nuestras familias en Colombia por gusto, sino porque atravesamos una situación muy difícil. Allá no hay trabajo. Mucha gente de acá tiene que saber lo que es eso, porque en Galicia también emigraron muchos». Con estas palabras inicia su historia uno de los colombianos que fue sorprendido en Sarria trabajando sin los pertinentes permisos oficiales. De los cuatro, Rolando fue el primero que llegó a España, el pasado 14 de mayo. Rolando entró en el país como un turista más, aunque él no venía de vacaciones. Durante los veinte días siguientes en su cabeza sólo había un propósito: encontrar trabajo. Se pateó la capital, pero la respuesta siempre era la misma: «¿Tienes papeles?». A Rolando le resulta difícil explicar lo que sintió. «Yo veía cómo me iba gastando el poco dinero que traía, un dinero además que no era mío, porque, para venir acá, todos hemos tenido que hipotecar nuestras casas y pedir prestado. El viaje sale por unas 900.000 pesetas (5.409,11 euros), y todavía debemos ese dinero», dice. Ayuda Por medio de una conocida, Rolando llegó a Sarria en busca de mejor suerte. A través de algunos contactos conoció al que hasta hace poco fue su jefe. «No me preguntaron si tenía papeles, creo que era obvio. Pienso que sólo quisieron ayudarme», afirma. Los otros tres colombianos eran familiares o amigos de Rolando. Cuando supieron que él había encontrado trabajo en España, emprendieron viaje. Ahora, a Rolando se le acusa de promover la inmigración clandestina. «Yo no los llamé para que vinieran, pero eran familia y amigos, y cuando llegaron intenté ayudarlos. ¿Quién no lo hubiera hecho en mi caso? Yo nunca me paré a pensar si lo que estaba haciendo era un delito», se lamenta. Rolando habló con su jefe, y todos comenzaron a trabajar en la misma empresa. Pero, apenas mes y medio después, apareció la Guardia Civil. Ernesto reconoce que cualquier inmigrante «siente un gran temor ante las fuerzas del orden», aunque también subraya que el trato de los agentes de la Benemérita hacia ellos cuando los detuvieron fue, según él, «excelente». A Rolando, a Ernesto, a Gilberto y a Mauricio, la Guardia Civil no los encontró robando, ni traficando con drogas, ni nada parecido. Los encontró trabajando honradamente, aunque con un detalle en su contra que convierte esa actividad en delito: no tenían papeles.