Los encargados de que todo esté a punto para el cantante desfilaron por el Coliseo de A Coruña
20 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Todos coinciden, «Julio es un tío muy normal». Algunos lo conocen, otros lo juzgan solamente por sus peticiones. El artista, ese que se encumbró como el español más conocido fuera de nuestras fronteras, carece de excentricidades. Para su actuación en A Coruña sólo pidió un cátering especial -con los chefs que él mismo aporta- y setenta toallas. Poco bagaje para todo un ídolo. Sus fans responden a la convocatoria llenando el Coliseo. Sólo quedan unas pocas entradas de las más barata en taquilla, después de vender el resto con precios que alcanzaban las 15.000 pesetas. Sus chicos también. Ayer curraron a destajo para conseguir que todo estuviese a punto. Desde las 7 de la mañana, el recinto registraba actividad. No está el tema para fallos; el artista regresa a su país después de más de tres años alejado de los escenarios en los que conquistó la fama. Julio Iglesias desembarcó en Valencia a mediados de junio y desde entonces ha presentado su nuevo trabajo, Noche de cuatro lunas, por diferentes lugares de la geografía española. El cantante comenzará su actuación a las 22 horas y estará arropado por dos bailarines, nueve músicos y tres coristas. Además, una pareja de bailarines de tango, considerados como unos de los mejores del mundo, protagonizan, junto al artista, uno de los momentos estelares del show. Pero detrás de ese instante quedarán otros muchos, casi tan importantes, que también tuvieron sus protagonistas. A Julio lo acompañan más de 60 personas allá a donde va, que se unen a otras tantas que ya trabajan para él en la ciudad que lo recibe. Para desplazar a todo ese equipo son necesarios seis trailers y cinco autobuses. Así que, cuando el señor Iglesias se arranque con su «me va, me va, me va» y todos sus fans lo coreen por lo bajo, sus chicos, los hombres de Julio, habrán pasado 48 horas intentando que nada desafine.