El debate sobre si Europa debe involucrarse en el sistema de defensa antimisiles propuesto por el presidente norteamericano, George Bush, está abierto. Aquí, en España, precisamente ayer el PSOE reclamó al Gobierno un acuerdo en materia de defensa similar al alcanzado en los últimos tiempos en asuntos tan complejos como Justicia o terrorismo. El Partido Popular ya ha respondido. Así, exigió ayer al primer partido de la oposición una postura oficial sobre el escudo antimisiles. Defender el Norte desde Tierra. En las reuniones que mantiene el Pentágono sobre este tema, aún con muchos cabos sueltos, se habla de en estos días de dos líneas de actuación. En primer lugar, los países del norte de Europa contarían con un escudo antimisiles de base terrestre (países como Groenlandia o Escocia podrían ser los lugares de ubicación). El Sur, desde el mar. La zona Sur europea se defendería desde el mar y es ahí donde entrarían en funcionamiento las fragatas F-100, que se construyen actualmente en la factoría de Izar en Ferrol. Con un presupuesto de 280.000 millones, los nuevos buques son una unidad eminentemente antiaérea, aunque también están adaptadados al combate submarino y antisuperficie. Armar las fragatas. El Ministerio de Defensa está ultimando la compra de 32 misiles antiaéreos Santandard SM-2 para dotar a las futuras fragatas F-100. En principio, se calcula que cada buque necesitaría unos 180 misiles, con un precio por unidad de 200 millones de pesetas. Se trata de misiles de medio alcance (170 kilómetros). La nueva generación de estos misiles, los SM-3, todavía en pruebas, son los capaces de interceptar misiles y los que podrían adaptarse al escudo americano.