«No se puede fabricar sangre»

La Voz

GALICIA

ÁLVARO BALLESTEROS

Roberto García, director del Centro de Transfusión de Galicia La sangre no se puede fabricar en laboratorio. Cuando aumentan los accidentes o las operaciones quirúrgicas, en el Centro de Transfusión de Galicia se dispara la alarma. No se puede bajar la guardia y es necesario concienciar a la gente de lo fundamental que es donar. El director, Roberto García de Villaescusa, cree que el secreto para mantener la elevada cifra actual de donaciones es simple: informar y dar facilidades.

09 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

NACHO MIRÁS SANTIAGO Galicia está a la cabeza en donaciones, pero las campañas de solidaridad del Centro de Transfusión pueden llevar a pensar que andamos justitos. -¿Hay que preocuparse por las reservas de sangre que existen en la comunidad? -La donación en Galicia se duplicó en los últimos diez años. Hemos alcanzado el índice recomendado por la OMS, que es de cuarenta a sesenta donaciones por mil habitantes. El problema es adecuarse a las necesidades. -¿Va por épocas? -Si se producen muchos accidentes de tráfico hace falta más sangre; también el aumento en la donación de órganos, que incentiva los trasplantes; y las listas de espera para operaciones disminuyen, se opera más y también exigen más transfusiones. -Y la gente tiene que concienciarse y donar... -Le pongo un ejemplo. Para mantener un país, todos los ciudadanos contribuyen con sus impuestos. En esto sólo contribuyen cuatro de cada cien y necesitamos más. Tenemos 200.000 donantes, pero hay que mejorar. -Quizás también podría mejorar el sistema de gestión... -Desde el centro hemos puesto todas las facilidades. Hay nueve unidades móviles recorriendo Galicia, institutos, empresas, facultades... Aportan el 85% de las donaciones. La necesidad de informar la cubrimos llamando directamente por teléfono al donante para pedir su colaboración y escuchar sus sugerencias. -¿Todavía hay que echar mano de los parientes cuando toca una operación que va a necesitar mucha sangre? -Eso se hacía hasta 1990. Pero entendimos que la vía era apostar por la donación de personas sanas y convencidas de la labor altruista que realizan. Otra cosa es informar a la persona que va a ser transfundida de que esa sangre ha sido donada por otros y que si conoce a personas que quieran colaborar serán bienvenidas, pero nunca se le sugiere que facilite sus donantes. No es nuestra filosofía. -¿Podría llegar un momento en el que habría que pagar por la sangre? -Está prohibido desde 1985 y es así en todos los países del entorno occidental. Es una manera de eliminar factores de riesgo y huir de aquéllos que sólo donarían por dinero. -¿Es optimista? -La población gallega ha demostrado su altruismo y solidaridad en infinidad de ocasiones. Y creo que las autoridades sanitarias deben hacer campañas de información frecuentes para recordar su importancia. La sangre no se puede fabricar.