Un millón de personas utilizan anualmente el transporte marítimo en la ría de Vigo, el más activo de Galicia Una familia «guiri» pregunta en francés sobre las islas Cíes. Mónica de la Peña, 23 años, con una refrescante blusa verde pistacho y bermudas azules, atiende amablemente al público que se agolpa en la estación marítima. «Algunos se creen que en las islas hay monos o una ciudad como Vigo», cuenta Mónica. En la estación, las azafatas se ven desbordadas en muchos momentos. Para visitar las Cíes hay un cupo diario de 2.000 personas y las colas se suceden. A mediados de mes, la flota se amplía con un nuevo catamarán que tiene capacidad para 450 pasajeros. Esta es la línea marítima más utilizada de las que aún subsisten en Galicia.
07 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.«Nos han dicho que las islas Cíes son paradisíacas», cuentan Tamara e Isabel, dos jóvenes madrileñas que guardan cola para coger el Ficas, uno de los cinco barcos que cubre en una hora el trayecto entre el muelle situado junto al Club Náutico de Vigo y las islas protegidas. El viaje al paraíso cuesta dos mil pesetas ida y vuelta. Tamara e Isabel están mejor informadas que otros visitantes, que se llevan una decepción cuando llegan a las islas y comprueban que en ellas no hay ningún pueblo marinero ni macacos saltarines como los del peñón de Gibraltar. A las Cíes hay que procurar viajar entre semana, porque el sábado y domingo aquello parece una feria. El bar y los restaurantes de las islas se aprovechan del turista y cobran por un refresco una tarifa sensiblemente superior a la de los establecimientos de tierra firme. Aguas limpias y frías Al llegar a las playas de las islas, las aguas transparentes se convierten en un anzuelo turquesa para el visitante. Claro que, después de introducir un pie, muchos no vuelven a intentarlo. Es lo más parecido que existe a meter el Caribe en una nevera. Pasa lo mismo que con los ibones, esos lagos glaciares de aguas transparentes que coronan las cumbres de las montañas. Después de una acalarada ascensión se convierten en un señuelo. Pero tras la zambullida, el bañista sale del agua con la piel amoratada y lanzando aullidos. En los barcos de transporte de pasajeros no pueden llevarse animales. «Hay gente que se pone borde cuando le dices que no puede embarcar al perro», relata una de las azafatas que está empleada durante el verano en la empresa. La naviera realiza durante los meses de verano unas 30 contrataciones, con lo que la plantilla total ronda el centenar de personas. Responsables de la compañía señalan que entre 800 y 1.000 personas cruzan diariamente la ría entre Vigo y Cangas y otras tantas entre Moaña y la ciudad olívica. El número de pasajeros con O Morrazo se mantiene estable a lo largo del año porque muchas personas que atraviesan diariamente la ría por motivos de trabajo dejan de hacerlo por las vacaciones. Pero estas bajas se compensan con los turistas, muchos de los cuales reciben su bautismo de mar en estos autobuses acuáticos.