El arzobispo de Barcelona, Ricard María Carles, ofició las ceremonias que quedaron restringidas a familiares, amigos y autoridades Llantos, crespones negros, banderas a media asta, comercios cerrados, un tenso silencio y una enorme tristeza han despedido en Cataluña a las víctimas del accidente. El arzobispo de Barcelona, Ricard María Carles, ha presidido los dos funerales multitudinarios oficiados en Ripollet y Viladecans por las víctimas del trágico suceso. En su homilías, Ricard María Carles aseguró que "hay misterios como la muerte para los que no tenemos respuesta".
08 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Durante las ceremonias, Ricard María Carles ha transmitido un mensaje de condolencia del Papa Juan Pablo II, quien ha expresado a los familiares de las víctimas su «profundo pesar» junto a sus más «sentidos sentimientos de cercanía y consuelo». A los funerales han asistido los ministros de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, y de Ciencia y Tecnología, Anna Birulés; el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, acompañado de cinco consellers de su gobierno; el alcalde de Barcelona, Joan Clos, y el de Ripollet, Carles Ferre, la delegada del Gobierno en Cataluña, Julia Garcia- Valdecasas, así como representantes de los partidos políticos catalanes. Los funerales estuvieron restringidos a familiares, amigos y autoridades, aunque miles de personas los siguieron por megafonía desde las calles adyacentes a los polideportivos en los que tuvieron lugar. Heridos Los dos profesores heridos en el accidente de Golmayo que permanecen internados en el Hospital del Insalud de Soria recibirán mañana el alta médica. Dos jóvenes más permanecerán ingresados en la UCI del centro según informó hoy el director médico, Florencio García. La herida ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital de Zaragoza permanece estable dentro de la gravedad. Falta de información Los psicólogos y las autoridades autonómicas se esforzaron ayer en defender la falta de información que para muchos padres no hizo más que prolongar un insoportable tormento. Ocho horas de interminable angustia, cinco de ellas encerrados en un autobús, ignorando si el hijo está vivo o en un ataúd. Cuando desde Ripollet y Viladecans los familiares emprendieron camino de Soria, las autoridades autonómicas de Castilla-León y Cataluña ya conocían la suerte de cada uno de los accidentados. A pesar de ello, les ocultaron la trágica lista. El equipo de psicólogos recomendó tomar esta decisión: los padres requerían una atención personalizada imposible de prestar en el interior de un autobús, argumentan.