Los tobillos del socio gallego del tiquitaca dicen basta

Julio Álvarez cuelga las botas después de 18 temporadas en la élite tras un año de calvario por su lesión


La pelota dijo ayer hasta luego a uno de sus grandes aliados. Los repetidos problemas en el tobillo derecho acabaron por obligar a Julio Álvarez a colgar las botas a los 37 años tras una envidiable trayectoria en la élite. Dos operaciones, la última el pasado verano, y una dolorosa puesta a punto que le impidió más que un par de presencias testimoniales en la pasada promoción cerraron una trayectoria de dieciocho temporadas desde su debut en Primera hasta despedirse en el Numancia, en el que se va como capitán y referente, pero sin haber cumplido el sueño de vestir su camiseta en la máxima categoría.

Centrocampista de ataque, o mediapunta de pase, colmó buena parte de su carrera en Segunda, donde dominó la categoría con un fútbol sencillo, inteligente y alegre. Fernando Vázquez, quizá el entrenador que más jugo le sacó, lo definía sin rubor como el mejor futbolista de la categoría de plata. Nacido en Venezuela, hijo de emigrantes de Sada, retornó a Galicia de niño y se formó en el Ural, desde donde dio el salto a los juveniles del Deportivo y de ahí a la base del Madrid de los galácticos.

Toque y puntería

Pero eran malos tiempos para las promesas, por lo que a Álvarez, al que por un tiempo en el Bernabéu se le había señalado como sucesor de Figo, le tocó un baile de cesiones en los que demostró ser un talento adelantado a su época. Desde clubes modestos y siempre con urgencias, levantó la bandera del fútbol de toque cuando Xavi ni siquiera jugaba de titular en el Barça, o ejecutaba el balón parado con la puntería de un francotirador mucho antes de que este Mundial haya redescubierto la estrategia en el fútbol.

Quizá huyendo de esa permanente escrutinio en función del triunfo o la derrota, los goles marcados y las asistencias brindadas, este arquitecto del balón se refugió en Soria. Allí donde poetas como Bécquer y Machado se convirtieron en universales, el futbolista gallego encontró la calma y el aprecio de un club con el que compartía el gusto por un deporte colectivo en el que el balón reina sobre todas las cosas.

Quizá los mejores recuerdos de su carrera procedan de aquella temporada en el Rayo 2002-03, cuando llegó a noviembre como pichichi de Primera con ocho goles. O de su debut con la camiseta de Venezuela, junto a la que se quedó a un paso de jugar el Mundial del 2014. Incluso de aquellos partidos con la selección gallega en que sembraba la semilla de un fútbol sin complejos que otros ahora -copmo Jota Peleteiro, Iago Falque o Denis Suárez- deben mantener vivo. Con los títulos de entrenador y director deportivo ya en el currículo, Julio Álvarez tiene previsto despedirse próximamente en una rueda de prensa en Soria, antes de tomarse un tiempo de descanso junto a su familia.

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