«¿Te gustaría que te lo hicieran a ti, Blatter?»

Cientos de menores extranjeros, sin ficha por la documentación que les exige la FIFA


Salah Eddine Bourtal es un chaval de 13 años que milita en los infantiles del Atlético Arteixo. Es delantero, así que, como tantos chicos de su edad, sueña con ser Ronaldo, su ídolo. Pero se lo están poniendo difícil. De momento está en el dique seco; esta temporada no ha jugado ni un partido. Salha Eddine nació en España, pero tiene por ahora la nacionalidad de su padre, Abdul, que es argelino. Como extranjero está sujeto a la estricta norma que la FIFA aprobó para evitar casos como el del Barça, que infringió el Estatuto de Transferencia de Jugadores al fichar menores de otros países.

Para evitar el mercadeo de niños, lo que ha hecho la FIFA es meter en el mismo saco a clubes profesionales como el Barcelona y a modestos como el Atlético Arteixo, y exigir a los extranjeros una profusa documentación para obtener la ficha federativa que deberá tramitar la Federación Gallega de Fútbol (FGF) tras el visto bueno de la Real Federación Española de Fútbol y de la FIFA. El papeleo es tan desproporcionado y difícil de conseguir en ocasiones que cientos de menores en Galicia se quedan sin jugar. La desesperación y la indignación se la reparten por igual chavales, padres y clubes.

«Me siento mal, muy triste por no estar con mis amigos», explica Salha Eddine mientras presencia el entrenamiento de sus compañeros. Él mismo explica lo que sucede: «No juego por culpa del Barça, que fichaba niños de otros países». Pero le parece injusto pagar por ello así que planta cara sin rodeos a los mandamases del fútbol: «¿Te gustaría que te lo hicieran a ti, Blatter?». Su padre, Abdul, está desesperado. «El niño llora, no quiere estudiar y lo terrible es que me culpa a mí porque piensa que puedo resolver el problema y no lo hago».

Búsqueda en Etiopía

En la otra punta de Galicia, en A Mariña lucense, Nito Deán, presidente de la S. D. Porto de Burela, relata la prolija relación de documentos que la FIFA ha exigido a los 17 extranjeros que juegan en las diferentes categorías de este club. Nada tiene que envidiar a la lista de los reyes godos: «Contrato de traballo do pai e da nai, permiso de residencia dos dous, certificado de nacemento do neno en un idioma oficial de la FIFA [el gallego no vale], declaración xurada de que non xogou noutro país...».

Problemas que plantea esto: si el padre está en paro, el chaval lo tiene difícil para federarse. Si los progenitores están separados, el asunto se tuerce más. Si la madre sigue aún en su país, hay que dar con ella y lograr que mande la documentación requerida. «Y a ver cómo vas a Etiopía a buscar una partida de nacimiento», ironiza el coordinador deportivo del F. C. Ortigueira, Diego Cela.

¿Y qué pasa además cuando el padre es pescador, está embarcado y no puede venir a recopilar ni firmar papeles? Parece una posibilidad remota y, sin embargo, es algo habitual en villas marineras. De hecho, es el caso de tres caboverdianos del Porto de Burela: Aderito Tabares, de 15 años; Alex Sandro Landim, de 18 (juvenil de último año), y Lavilson Rodrigues, de 17. Después de una larga espera para juntar documentos, dos están pendientes de que la embajada de su país traduzca sus certificados de nacimiento a un idioma oficial de la FIFA. Alex Sandro aguardaba por la autorización de la FGF cuando se hizo este reportaje.

Tejemanejes burocráticos

«Todo esto no tiene sentido; ni voy a dar el salto al Barça ni Mendes, el agente, está detrás», ironiza Aderito, al que le parece «muy triste tener que jugar en el parque» y no en su equipo por culpa de este tejemaneje burocrático. Lavilson -Lavezzi para los amigos y celtista de pro- sostiene que «é unha vergoña que mandes os papeis e te pases tres meses sen recibir noticias, e tamén é de vergoña que non nos deixen xogar ao fútbol».

Alex Sandro va más allá e intuye cierta «xenofobia» en el proceder de la FIFA, que penaliza a los extranjeros. «Me siento fatal -añade-. El fútbol es importante para mí desde niño». «¿Como lle explicas a un neno que non pode xogar porque naceu en Cabo Verde? -plantea el presidente del club-. Somos unha pequena escola de fútbol base, e para nós e difícil rastrear toda esa documentación. Facémolo no noso tempo libre. Non buscamos Messis nin Ronaldos, só a integración dos rapaces. As campañas da FIFA contra o racismo quedan moi ben, pero...».

También en el C. D. San Ciprián se las ven y se las desean para explicar a los chavales lo que ocurre. Manel Leal, dirigente del club, resume la reacción de los chicos: «¿Qué me dices de la FIFA si juego en los cadetes del San Ciprián?». La cuestión, prosigue el directivo, es que «nos cuesta tres o cuatro meses juntar la documentación, si es que la logramos. Para esto somos FIFA, pero si se nos lesiona un jugador tardan ocho meses en operarlo. En el Barça, al día siguiente. Pues estaría bien que también fuésemos FIFA para eso».

Podría pensarse que el problema afecta solo a niños de otros continentes. Error. Veamos qué sucede al lado de casa: Sandra Azevedo, su marido y sus dos hijos llegaron a Arteixo desde Viana do Castelo (Portugal), a 40 kilómetros de la frontera. El pequeño, Rubén, de 8 años, aún está sin jugar esta temporada. El mayor, Rodrigo, de 13, acaba de conseguir el permiso. Su madre no da crédito: «La FIFA nos ha pedido declaración de la renta, vida laboral, partida de nacimiento, certificado de matrimonio, contratos de trabajo, una carta con los motivos por los que vinimos a España y una declaración jurada de que mis hijos no habían jugado en Portugal. Ni para pedir un crédito te reclaman esto. Y todo traducido, de lo que se ocupó el Atlético Arteixo, que se ha portado de maravilla». El pequeño Rodrigo se lo toma con humor: «A la FIFA no se le puede decir nada, que están en elecciones».

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