Un descenso y muchos interrogantes

FUTBOL GALLEGO

Los cinco goles del Cerceda acortaron la agonía de un Arousa que ha estado dando traspiés en el césped y en el palco hasta el tropezón final que lo lleva a Preferente

12 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Alrededor de un cuarto de hora duró la ilusión de los más ilusos. Aquellos que se acercaron al campo de A Lomba pensando que el Arousa iba a ser capaz de mantener viva la esperanza de la permanencia. En esos quince minutos, algo menos quizá, el cuadro arlequinado intentó plantar cara al Cerceda e incluso se aproximó con cierto peligro a la portería de Rafa Muradás. Después, el fútbol impuso su lógica. El cuadro coruñés se desperezó, comenzó a tocar el balón y en su primera aproximación a la meta de Moncho marcó el primer tanto. Y en la segunda, el segundo y así sucesivamente hasta llegar al sonrojante 0-5 que señalaba el electrónico de A Lomba en el descanso.

No se escucharon apenas silbidos mientras los goles caían porque todos aquellos que acudieron cada domingo al campo de A Lomba eran plenamente conscientes de que su rito dominical precisa de más de un milagro. Y a los recién llegados al campo les bastó un vistazo para darse de bruces con la realidad. A partir del minuto veinte el partido parecía enfrentar a un equipo de Tercera con uno muy malo de Preferente Autonómica o de una categoría inferior. La sensación de inseguridad de la zaga y, en general, el mal posicionamiento sobre el terreno de juego de todo el equipo daban hasta vergüenza ajena.

Al descanso, el Arousa todavía no estaba matemáticamente descendido porque el Pontevedra B y el Portonovo continuaban empatados. Las matemáticas decían una cosa, pero las sensaciones contaban otras. Mientras, los más jóvenes de la cantera arlequinada correteaban felices por el césped ajenos a lo que sucedía a su alrededor en una situación que recordaba a lo sucedido ocho temporadas atrás. Entonces, A Lomba tenía un panorama parecido al del pasado domingo: papás con sus niños que de aquella habían acudido a la proclama convenientemente lanzada de balones gratis. El resultado de todo aquello fue idéntico -la caída a Preferente- porque lo importante del fútbol se dirime sobre el terreno de juego.

El Cerceda decidió no hurgar en la herida en la segunda mitad y la dedicó a sumar tarjetas en aquellos jugadores que estaban apercibidos. El Arousa, por su parte, mantuvo sus parámetros de toda la temporada: Hugo quiso dejar un buen sabor de boca en el equipo en el que podría recalar en la próxima campaña y marcó un par de tantos más que lo colocan ya con treinta, y los coruñeses, casi sin querer, siguieron aproximándose con peligro a la portería de Moncho. Solo su falta de puntería impidió que el marcador fuera aún más escandaloso.

Antes, Pablo Vázquez había intentado mover ficha en el descanso, pero los mimbres eran pocos. El Arousa solamente inscribió a quince jugadores (Padín dejó libre su sitio en el equipo porque su mujer dio a luz el domingo y el catoirense hizo lo que haría cualquier persona normal y se fue al hospital) en otra muesca que anotar en una temporada llena de despropósitos.

El Pontevedra B marcó de penalti en A Xunqueira y el Arousa estaba descendido. Nadie se inmutó porque la orina del enfermo pintaba muy mal y ni el más forofo pensaba que los vilagarcianos pudieran ganar el domingo al Compostela aunque la permanencia les fuera en ello (en otro acierto de la directiva, intentaron ganar el partido de la primera vuelta en los despachos, con lo que seguramente en Santiago les estarán esperando con bastantes ganas).

Y al final, resignación. Más, que preocupación por el futuro del club, al que se le abren muchos interrogantes: ¿Van a cobrar los jugadores las seis mensualidades? ¿Qué pasa con los frentes judiciales que tiene abierto el club? ¿Agotará la junta directiva su mandato o cederá a las presiones y se irá? Y en el caso de que se fueran, ¿hay algún voluntario con ganas, y capacidad, para levantar un club que arrastra una deuda sumamente importante y cuyo impacto social en Vilagarcía está bajo mínimos?