Qué época más costosa esta, con gobernantes que deliran como los viejos emperadores sin que parezca que a nadie le importe ver arder Roma. La lluvia insiste en anegarnos y los trenes descarrilan sin que nadie se lo explique. La fatalidad no es una opción en el mundo rico donde la responsabilidad siempre la tiene alguien, el otro, por eso se cierran los parques en días de lluvia, para evitar la culpa de las ramas que se caen arrastradas por el viento de todos los inviernos que se vuelven locos con el cambio climático y nos azotan como aquel cochero a su caballo. En los tanatorios y en los hospitales hacen guardia los abogados y el agua y los racistas abren grietas en la tierra, que se desliza sin saber muy bien adónde, corrimientos de odio que se extiende y que solo será vencido por el amor, rezaba el cartel que enarboló Bad Bunny en la Super Bowl desfilando con todas las banderas de América y ese aire de estar haciendo algo mucho más grande que un espectáculo musical. Pareció más una puesta en escena política. Todo es político, y más cuando la identidad está señalada, identificada con el color de la piel o el lugar de procedencia, con el idioma que se pierde para aclimatarse al país de los sueños que ahora devuelve pesadillas y hombres uniformados persiguiendo a aquellos que no se han blanqueado lo suficiente por mucho que hayan colocado la bandera con las barras y estrellas en el jardín o en el puesto de tortillas de maíz. Las arepas y los tacos me gustan más que el perreo, pero qué alegría ese ejército de bailarines vestidos de blanco y el orgullo en los ojos oscuros del oficiante que se vistió en Arteixo para sorpresa de los que esperaban un Dior o un Schiaparelli.
No necesitó vocalizar para lanzar un mensaje que llevaba café, ron y esperanza de la que se grita y se exige y se pelea. El silencio no es una opción en los tiempos en los que mirar a otro lado es banalizar el mal, aceptarlo como si no fuera con nosotros, como podría haber hecho el cantante rico, exitoso, como hacen otros que se asimilaron hasta señalar a los que vienen detrás como intrusos, aunque compartan sazón, eso que nos falta a los que, viendo el show quisimos ser latinos, como dice la canción.