Eternos y anodinos

Mercedes Corbillón

FUGAS

Calle principal de la aldea abandonada de O Salgueiro, en el Concello de Muíños, en Ourense
Calle principal de la aldea abandonada de O Salgueiro, en el Concello de Muíños, en Ourense u.c.

24 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Tengo una prima en Buenos Aires, como casi todos los gallegos tenemos algún primo en algún lado. A veces lo sabemos y a veces no. En realidad, son varios primos con los que comparto bisabuelo y aldea perdida en un lugar de Ourense donde ya solo crece la maleza, un verdor terrible que cubre las huellas del lugar donde nacieron nuestros antepasados comunes. Me gusta que la naturaleza pueda con todo, aunque me fastidia que la memoria de los pobres sea más exigua que la de los ricos, que atesoran su apellido con tanto mimo como su hacienda.

Ayer, mi prima, con la que me comunico por Instagram, me envió una foto de mi padre y su familia sacada en el puerto de la ciudad el día que cogieron el barco de regreso a Galicia. En la imagen, mi padre y su hermano parecen galanes de cine, guapos y seguros de sí mismos, mi abuela es una mujer joven que nunca había visto antes y mi abuelo está exactamente igual que cuarenta años después, cuando murió, como si el tiempo se hubiese detenido en ese instante. Supongo que una travesía así rompe la vida en dos, para bien o para mal, pero al abuelo, como a mí, le gustaban los cambios. Siempre estaba buscando la chispa de lo nuevo, la magia de la posibilidad, la pequeña pasión de lo desconocido. Seguramente no es justo que me haya referido a él como anodino. Lo hice el otro día en esta misma columna y, aunque fuera para contar que una rosa vivió fresca durante meses frente a su tumba, mi padre se sintió ofendido.

Me quedé callada ante su reproche, pensando que el lenguaje es una trampa que nos hace encallar y que las palabras son armas de destrucción individual. El que habla o escribe está mandando miles de dardos que se convertirán en belleza o en pesar o en risa o en indiferencia en función de los nervios que toquen en el receptor.

El dolor de mi padre me duele como a él le duele la memoria del suyo. Ojalá lo hubiese conocido más, ojalá nos hubiésemos molestado abuelo y nieta en construir un árbol de historias que atravesasen el tiempo, porque es verdad, si te olvidan, te mueres y hay un momento en que solo existes si alguien te cuenta.