Nunca tuvieron un hombre detrás

Mercedes Corbillón

FUGAS

La nobel Annie Ernaux el pasado mes de diciembre.
TT NEWS AGENCY | REUTERS

Estoy sentada en el bar de la estación. El café me quema la lengua y me ciega un rayo de sol. En la mesa de al lado, un hombre y una mujer se despiden. La cucharita de ella tintinea contra la taza mientras él habla de Venus y Júpiter. Esta noche se alinearán en el cielo, más juntos que nunca, luego empezarán a separarse, pero el año que viene volverán a encontrarse ahí, muy cerca de la luna, le dice él. Ella sonríe y sorbe el té.

Voy a Vigo a hablar de feminismo. La presidenta está guapísima vestida de generala, pero su autoridad no depende de su belleza. Ha apadrinado este encuentro de mujeres, el Manifiesto de Soutomaior, auspiciado por Isabel Blanco, una escritora divertidísima e irreverente, una mujer lista y horrorosa que quiso revivir aquella Declaración de sentimientos de Seneca Falls en 1848.

Quiero contarle al público una escena de La mujer helada, al fin y al cabo, soy la librera del grupo. Annie Ernaux es una mujer joven, inteligente, se dedica, como su marido, a la vida intelectual. Así se enamoraron. Compartían las mismas inquietudes, leían vorazmente, preparaban los exámenes para ser profesores en París. Casarse era una promesa o una continuación lógica al noviazgo. Nos pasamos la vida siguiendo la línea de puntos. Estudiaban juntos en su comedor. Cuando la olla empezaba a hacer chup chup, era ella la que se levantaba. Sesenta años después, esa imagen nos define.

Me pongo a hablar y lo olvido. Tampoco digo que las mujeres escritoras nunca tuvieron un hombre detrás pasándole a limpio los textos, como Nabokov, como Tolstói, como García Márquez, como tantos que se declaraban incapaces para la vida práctica. Qué lujo ese de escribir y nada más.

A cambio, menciono al diputado aficionado a pagar por el sexo aun después de votar a favor de ilegalizar la prostitución. Miro a Carmela de reojo, esperando que no se enfade. El machismo y la hipocresía y la facilidad para corromperse no llevan las siglas exclusivas de un partido, pero meto la pata y me aturullo.

No importa, mis compañeras son brillantes, como Venus, que es más luminoso que Júpiter, aunque este sea más grande.