«Dos hermanos»: La mejor versión de un folletín clásico convertido en cómic

Una turbulenta vida familiar se convierte en el retrato de casi un siglo de transformación social en Brasil. Una novela gráfica sobresaliente y adictivo


Son día y noche, agua y aceite, dos imanes que se buscan para repelerse. Dos hermanos. Peleas familiares. Algo aparentemente ordinario, pero llevado aquí al extremo de convertir a dos mellizos en personas totalmente opuestas. Opuestas y enfrentadas. Un argumento manido, sí, pero notablemente exprimido por Milton Hatoum en una poco conocida -al menos a este lado del Atlántico- novela que toma lo mejor del tradicional culebrón latinoamericano, evitando el almíbar. Dos hermanos. Hay infidelidades, hay disputas, hay sufrimiento, y, claro, hay sangre y hay muerte.

 Ahora otros dos hermanos, gemelos y estos ya no de ficción, Fábio Moon y Gabriel Bá (uno ignora el porqué de apellidos diferenciados) han tomado ese monumental trabajo en prosa para llevarlo a imágenes y traspasar la frontera del folletín para convertirlo en un cómic que sintetiza muy bien el devenir histórico, económico, social y hasta demográfico del Brasil de inicios del siglo XX.

Dos hermanos arranca en serio. Con la muerte de un personaje mayúsculo en cualquier familia: la matriarca. Una mujer que se despide dirigiéndose a alguien que no vemos y abriendo un interrogante que emplaza al lector para el resto del cómic: «¿Han hecho ya las paces mis hijos?». Esos hijos vienen de un matrimonio formado por dos emigrantes libaneses, una pareja que se conocerá en el restaurante que regenta el padre de ella y que nos da ya una pista del plural tapiz de orígenes de Brasil. Ambientado en Manaos, a las orillas del Amazonas, la ciudad sirve como un personaje más porque iremos viendo su transformación urbanística, la destrucción de barrios tradicionales y la decadencia de comercios familiares. En uno de ellos se crían Omar y Yaqub, los hijos de ese matrimonio libanés, dos chavales entre dos continentes y cuya disputa infantil por la compañía de una niña les provoca el primer conflicto, que deriva en cicatriz física en uno de ellos. Esa marca y un mechón blanco es lo único que les diferenciará en toda la novela gráfica.

Ese episodio termina conformando dos personalidades antagónicas. Yaqub, con la cara cruzada por aquella herida, se ve forzado a irse al Líbano, en un intento de los padres por que la distancia aplaque los problemas entre los mellizos. Su regreso es el otro inicio de la novela, de manera que todo el cómic es un ir y venir en el tiempo, unos saltos resueltos en algunos momentos mejor que en otros. Ese juego con los tiempos y las elipsis narrativas en las relaciones entre los personajes -posiblemente porque no todo se ha podido trasladar de la novela al cómic (editada por Planeta Cómic) con la suficiente precisión- obligan a un esfuerzo extra para evitar perderse en una maraña de secundarios. Y ahí sobresale una pequeña asistenta del hogar y un crío que terminan por convertirse en los narradores, en privilegiados espectadores (conviene no decir más) de lo que sucede en los salones de la casa familiar, una mansión colonial cuya decadencia se va advirtiendo con el paso de las páginas.

Omar y Yaqub vivirán así entre la distancia física y el desprecio próximo, algo que Fábio Moon y Gabriel Bá logran trasladar en cuanto los ponen frente a frente, con algunas secuencias muy bien resueltas. Lo cierto es que no hay un dibujo de enorme profundidad, pero el blanco y negro y la cuidada ambientación de la ciudad, calles, tiendas, bares, clubes... terminan por trasladar cada secuencia hasta noventa años atrás. Uno se imagina hasta olores y música en aquel tiempo, y eso tiene un enorme mérito. Hasta se advierte el alumbramiento de un símbolo de Brasil, la construcción de su capital administrativa, Brasilia, donde junto a la ilusión por el nacimiento de esa metrópoli se advierte quién supo sacar tajada del dineral que se movió por allí: Yaqub. Un tipo que se mueve bien entre la élite y la corrupción, entre las luces de delicados salones de baile y los oscuros despachos donde saltan los reales. Omar, en cambio, se convertirá en un tipo de la noche, atraído por el hampa y la prostitución, torpe para expresarse, incapaz de encontrarse, rebelde en sus estudios, desbocado con una copa o unas cartas entre las manos... Pero siempre amado por esa madre con la que arranca Dois Irmãos, el título original. Porque ahí está una de las claves de este folletín: en el incondicional aliento de una matriarca que se resiste a acabar bajo tierra sin haber logrado la reconciliación de sus pequeños. Todo un dramón decimonónico publicado en el siglo XXI y que vale para cualquier tiempo y lugar.

«DOS HERMANOS»

Fábio Moon y Gabriel Bá

 EDITORIAL Planeta PÁGINAS 240. Blanco y negro PRECIO 25 euros

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