Allova: «El piano es una parte de mi cuerpo»

«Hope & Despair» es el debut del proyecto de Alla Mikhaylova, un disco de pop electrónico cuyos claroscuros encajan perfectamente en tiempos pandémicos


En la primavera del 2020 estaba previsto que viera la luz el primer álbum de Allova. Pero, como tantos otros proyectos musicales de ese momento, el disco se vio atravesado por el rayo de la pandemia. «Habíamos empezado a grabar y llevábamos tres temas cuando nos confinaron», recuerda Alla Mikhaylova, la artista rusa afincada en A Coruña que comanda la nave. «Hicimos un parón y, como se dice en el mundo del emprendimiento, tuvimos que pivotar, buscando otra salida», añade. Eso la llevó a un goteo de singles que ahora desemboca en Hope & Despair, el elepé. Ve la luz un año después de lo previsto.

­-Aunque las canciones se crearon antes de la pandemia, lo cierto es que el disco se adapta muy bien a estos tiempos. De hecho, lo titula «Hope & Despair» (esperanza y desesperanza). ¿Lo hizo con esa intención?

-Sí, la verdad es que me cuadró el puzle [risas]. El disco trata, en gran medida, de las relaciones amorosas y personales. También refleja mucho mi carácter, porque soy una montaña rusa emocional. Un día puedo estar pletórica y otro, deprimida. Cuando ocurrió todo esto con la grabación, le decía a mi marido: «Es que es tal cual lo que me está pasando ahora». Ese título lo define perfectamente.

­-Se habla de pop electrónico, pero, sobre todo, se ve un apego muy grande con el «trip-hop». ¿Quería reivindicar el género?

-Inicialmente iba a ser aún más trip-hop, pero no quise cerrarme a un único estilo. Mi música no es hecha en un 100 % por máquinas, pero es que en el trip-hop tampoco pasaba eso. Yo quería mezclar sonidos hechos con ordenador y con instrumentos acústicos. Eso no va a desaparecer de mi música nunca.

­-¿Es el piano el eje gravitatorio de su música?

-Sí, muchas intros son con piano y es mi instrumento principal, incluso antes que la voz. Yo empecé siendo pianista, tocando desde los seis años. Es como una parte de mi cuerpo [risas]. Por eso mantuve ese sonido un poco clásico, para llevar a la gente a mi background. Todavía tengo mucho toque clásico.

­-E, imagino, la necesidad de ser técnicamente perfecta, por encima de la media de lo que se escucha en el pop.

-En pop casi nunca he escuchado piano tirando a clásico. Una de mis grandes influencias es James Blake y toca muy bien. Se ve que tiene escuela clásica detrás. Desde luego, eso se nota.

­-Siempre ha mostrado una actitud feminista en su proyecto.

-Quiero apoyar esa causa, la igualdad y el respeto entre géneros. Siempre he escuchado en chicas eso de «no me atrevía a iniciar mi proyecto porque no tenía referencias». Y lo que quiero es que todas vean que es posible. Yo soy mujer, no tengo padrinos, no tengo padres ricos, no tengo discográfica, he creado mi propio sello y tiramos adelante con un espíritu emprendedor. Llevo dos años así.

­-La recuerdo en la presentación de los proyectos del coworking de emprendimiento musical de la Fundación Paideia. Llegó allí con gráficas, números y un plan de negocio muy armado. ¿Tiene alma de empresaria?

-Sí, aquello me lo tomé muy en serio y para mí era un proyecto empresarial. Ese curso me sirvió de mucho. Fue cuando empecé a ver las cosas claramente. Aunque hagas una música brutal, si no tienes esas dotes comerciales, no vas a llegar a ninguna parte. Es una pena. Hay gente talentosa que no se sabe vender. Estar esperando a que te fiche una discográfica hoy en día es vivir en los mundos de Yupi. No va a pasar, es una lotería. Lo siento mucho, pero o te buscas la vida o te dedicas a otra cosa, tienes esto como un hobby y ganas 100 eurillos de vez en cuando. Si lo que quieres es que te dé para vivir, tienes que ponerte las pilas y trabajar mucho.

­-Viene de Rusia, inicia este proyecto en Madrid y termina en A Coruña. ¿Cómo ha sido eso?

-Acabé en A Coruña por culpa de mi marido, lo típico [risas]. Nos conocimos en Madrid y, tras un tiempo, él quería volver. Yo lo apoyé, porque me encantaba A Coruña. Ya había empezado un proyecto turístico de llevar turismo ruso a Galicia.

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