Milena ha escrito la misma novela que hace seis años, y bien hecho que está

La escritora Milena Busquets
La escritora Milena Busquets

Siempre que tiene la ocasión, Milena Busquets dice que escribir le cuesta horrores y, sin embargo, sus textos, tanto las novelas como los artículos, trasladan al lector la sensación antípoda: su prosa, cotidiana y fresca, llega rodando, ágil y sutil, y aunque haya escrito la misma novela que hace seis años, Gema sienta tan bien como un vaso de agua fría garganta abajo cuando uno se muere de sed. Y eso todo lo compensa, ese confortamiento.

El primer libro de la hija de Esther Tusquets, También esto pasará -que no fue el primero, pero como si lo fuese-, supuso tal sonoro pelotazo editorial que Milena, hábil ella, exprime aquí la misma fórmula que tan bien le funcionó entonces: idéntica protagonista (mismo punto de madurez, mismos hijos, mismas vías de escape); similares dolores de cabeza, ligues y revolcones; iguales intentos (serios) de seducción desde la infancia tierna (ese deseo de que nos miren); exactas amistades con raíces sostenidas a golpe de mentiras compasivas, tan infravaloradas; y muertos, cómo no, que están muy vivos porque siempre están. También recupera esa manera de aferrarse a lo tramposo del recuerdo, raposo, que nos convence de que era primavera -el cielo despejado y algo de calor ya- cuando vimos por última vez a aquella niña en el colegio -y así lo asumimos, y lo defendimos inflexibles durante años-, a pesar de que fue una tarde oscura de invierno cuando abandonó el patio enfundada en un suéter azul pálido, y nunca más volvió. La vida, que no fue la que tanto tiempo creímos que había sido.

Nada en Milena es grave: ni en los conflictos en los que se las apañan sus protagonistas (a pesar de que no hay nada más trascendental que la cotidianeidad), ni en su particular manera de narrarlos. Y se agradece. Por supuesto, mucho tiene que ver la desahogada y cómoda burbuja socioeconómica que le funciona de atmósfera -lecciones en el Liceo francés, veranos en Cadaqués, vacaciones en alguna isla griega-, pero qué gusto ese sentido del humor, esa capacidad para despejarle el hierro a los asuntos, esa levedad sosegada en un momento tan irrespirable -siempre acechantes los aerosoles- como el actual.

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Milena ha escrito la misma novela que hace seis años, y bien hecho que está