Vega: «Siempre lo he dicho: soy un poco yonqui del público»

Hoy sale «Diario de una noche en Madrid», álbum que recoge el directo de una artista que se considera «un animal de escenario»


No es como en los ochenta, cuando los discos en directo eran un negocio perfecto y un paso casi obligado para los artistas. En el año 2020 un álbum en vivo suena más a complemento de una reedición. O, directamente, a algo innecesario. Pero el caso de Vega rompe la tendencia. Diario de una noche en Madrid, el disco-libro que sale hoy a la venta, recoge el concierto que ofreció en octubre del año pasado en Joy Eslava de Madrid, concluyendo la gira de La reina pez (2018). Fue una noche con las emociones a flor de piel y el repertorio de la artista canalizando una catarsis personal. «Fue tal cual. Era en un momento personal difícil y se nota -explica-. Lo grabamos sin pensar en editarlo, pero todos los que estuvieron allí decían: "¿Vas a sacar esto, ¿no?" Revisamos el material y vimos que se podía».

­-Escuchando este disco, en donde se polariza todo, la fuerza y la fragilidad, la pregunta es obligada: ¿se contiene mucho en el estudio?

-Siempre lo he dicho: soy un poco yonqui del público. En el estudio nunca tienes el público delante. Soy incapaz de transmitir las emociones y ese diálogo al que estoy acostumbrada. He crecido encima de un escenario. Empecé con una guitarra tocando en bares y estoy muy acostumbrada a eso. Soy un animal de escenario. De repente, me metes en un estudio y hay tensión: cada vez que canto caen dólares en una caja. O euros [risas].

­-Eso permite una doble cara. Este disco en directo queda lejos de ser algo plano que reproduce los previos de estudio.

-Había una preocupación muy grande. Este directo no está retocado ni editado. Lo que se oye es lo que hay. Solo está mezclado por la misma persona que hace el sonido de directo y se ha limpiado el ruido de pistas. Le pedí que no se tocase nada, que fuese así, con sus cosas perfectas e imperfectas. Esto es un disco sobre un directo particular en donde hubo mucha emoción no contenida. Para mí es muy importante porque, entre comillas, esa es una parte muy desconocida de mí: los directos con mi banda.

­-En el disco dice, con la voz entrecortada, que quiere sentirse digna, mujer y artista. ¿Es ese disco una victoria personal?

-Muchas veces se habla de todo lo que es el papel de la mujer en la industria musical y qué rol desempeñamos. Ahora hemos pasado de tener un rol en el que se nos despreciaba y subestimaba a empezar a cubrir una cuota necesaria para un márketing que refleje que estamos ahí. Pero tampoco nos dan importancia. Estamos ahí porque tienen que tener mujeres, pero no nos dan un escenario principal por mérito propio. Y, si lo dan, se lo dan a un producto que no es patrio. Hay grandes artistas en este país capaces de tocar en la hora más importante de un festival. También está el estilo musical. Parece que solo somos capaces de hacer un tipo de música y se nos asocia a un directo blandito. Te ponen el estereotipo y no se sale de ahí. El riesgo que se asume por parte de la industria es mínimo. Creo que se queda en el recurso de un cartel con mujeres.

­-No tiene mucha presencia en los festivales pero sí un público que paga una entrada por verla muy superior al de otras bandas festivaleras. ¿Qué ocurre?

-Claro. Ayer estaba firmando más de 1.000 ejemplares de este disco que se adquirieron en preventa. Hablamos de directo cuyo precio es superior a los 30 euros. Hay gente que no se toma la molestia en ver eso y yo no puedo obligarlos. Pero tengo un público megafiel y que me permite ser solvente e independiente. Pero no todo el mundo tiene la paciencia de verlo. No sé qué tengo que hacer.

­-El directo que recoge el disco lo empieza con un poema en el que dice: «Resulta que soy fuerte». Usa vestuario con reminiscencias militares. ¿Una guerra contra el miedo?

-Diseñé un vestuario medio Sgt. Peppers medio militar porque me considero un soldado de la música que ha batallado por tener un lugar en la industria musical. Es lo que sigo siendo: una trabajadora.

-Esto lo hace con 40 años. Me encuentro a muchos artistas que con esa edad encuentran una placidez ideal. ¿Es su caso?

-He pasado por fases de bajón y felicidad, de «esto es lo peor» a «esto es lo máximo». Pero a mí ser madre me colocó las prioridades en su sitio y me hizo relativizar muchísimas cosas que me parecían un mundo. De pronto, tomaron una importancia mucho menor. Lo que descubrí a los 40 es que si subo a un escenario, es para disfrutar. Nunca más volveré a subir para pasar un mal rato.

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